Aunque popularmente es conocida como una medusa, la carabela portuguesa es realmente un hidrozoo, es decir: un conglomerado de organismos que cooperan como una colonia para sobrevivir y que en su mayoría habitan en aguas salinas. Pese a su similitud con las medusas, estos seres tienen un aspecto muy peculiar. Tienen una forma de globo o «vejiga» llena de gas, que puede llegar a medir hasta 30 centímetros de diámetro. Este globo, llamado neumatóforo, le sirve de vela, y de él nacen sus largos tentáculos, de hasta 50 metros de longitud, que tienen un característico color azul o púrpura. Uno de los rasgos más distintivos de estas criaturas es que sus “globos” flotan en la superficie del agua, mientras que los tentáculos permanecen por debajo.
En cualquier caso, este tipo de animales suponen un auténtico peligro las personas y los animales domésticos que se acerquen a sus tentáculos.
Recientemente, varios ejemplares de carabelas portuguesas han sido vistos en las playas de San José y en Cala Higuera, e incluso han despertado cierta alarma social por visitantes que llamaron al teléfono de Emergencias 112 para avisar de sus avistamientos.
¿Es normal que las carabelas portuguesas estén en el Mediterráneo?
Desde luego que no. Según los expertos, el aumento en nuestras costas de esta clase de organismos se debe a tres factores: la contaminación orgánica, el incremento de temperatura del agua y la reducción del número de sus depredadores. En el último caso, la progresiva desaparición de ejemplares de tortuga carey, en peligro crítico de extinción, y de tortuga boba hace que la población de carabelas portuguesas aumente. No son muchos más los animales que se alimentan de estos organismos, pero se cuentan también entre sus depredadores el pulpo manta y la babosa de mar azul Glaucus atlanticus.
Además, la emergencia climática de nuestro planeta ya está teniendo efectos en los ecosistemas, como la mayor presencia de las carabelas portuguesas en las costas mediterráneas.
Peligrosidad
La carabela portuguesa es calificada de especialmente peligrosa para el ser humano por la Organización Mundial de la Salud, que alerta de la toxicidad de su veneno y del procedimiento a seguir cuando alguien sufre su picadura, que es muy dolorosa y puede tener consecuencias graves para algunas personas.
Desde la Fundación IO, una organización científica dedicada al estudio y control de las Enfermedades Infecciosas en el mundo, zoonosis emergentes y medicina tropical y del viajero, su picadura produce principalmente afectación local en la zona que ha contactado con los tentáculos y dolor que puede ser muy intenso.
Además, produce inflamación y edema inmediatamente tras el contacto, con la aparición progresiva de pápulas, vesículas, ampollas y posible descamación. «Pueden aparecer sensación de entumecimiento, debilidad, espasmos, dolor muscular, taquicardia, sudoración. También puede producir una mancha roja en relieve sobre la piel, ulceración, necrosis e infección de la herida, con posterior aparición de cicatrices pigmentadas y queloides (crecimiento desproporcionado del tejido cicatricial), complicaciones que no se suelen presentar tras la picadura de una medusa “normal”. También es frecuente la aparición de dolores fuertes abdominales, náuseas, vómitos y cefalea», destacan desde el colectivo.
De manera excepcional puede causar afectación sistémica por el potencial para generar reacciones de hipersensibilidad que tienen sus toxinas. Se debe tener especial cuidado en personas alérgicas, niños, embarazadas, personas mayores o con otras enfermedades o problemas de salud que les hagan más vulnerables a los efectos de las toxinas. La muerte como consecuencia de la picadura de la carabela portuguesa es muy infrecuente.
¿Cómo actuar en caso de picadura de una carabela portuguesa?
Según las autoridades sanitarias, el modo correcto de proceder en caso de ser afectado por la “picadura” de este animal es el siguiente:
1º) Salir inmediatamente del agua y eliminar los posibles restos de tentáculos que tenga en el cuerpo. Para realizar esta extracción deberá evitar el contacto directo con las manos, por lo que recomiendan utilizar pinzas o guantes o, en su ausencia, con el borde de un objeto rígido y plano como una tarjeta de crédito o un DNI.
2º) Es muy importante que en esta primera actuación en ningún momento se rasque o frote la zona afectada, ni que se empleen toallas o arena para limpiar la herida, ya que esta presión podría aumentar la liberación de veneno.
3º) Después hay que lavar la zona afectada con agua de mar limpia, comprobando previamente que esa agua no tenga fragmentos de tentáculos. La zona no se debe lavar la zona con agua dulce, ya que el cambio de salinidad provoca una mayor liberación de veneno. Tampoco se debe utilizar amoníaco, vinagre u orina.
4º) A continuación, se deberá aplicar frío sobre la zona de la picadura mediante una bolsa de plástico con hielo y por un espacio de tiempo de 15 minutos. De esta manera, se evita que el veneno pase al riego sanguíneo.
5º) El último paso será desinfectar la herida con tintura de yodo para evitar posibles infecciones. Así, se cuidará la herida hasta que cicatrice y se intentará evitar otra posible picadura durante el resto del verano, ya que sus consecuencias pueden ser mucho peores al quedar el cuerpo sensibilizado al veneno.
6º) En caso de contar con servicio de socorrismo en la playa, se deberá acudir al mismo y , en caso de padecer síntomas generales como náuseas, vómitos, mareos, calambres musculares, dolor de cabeza o dificultad para respirar, se deberá acudir al centro sanitario más próximo o avisar al teléfono 112.







