El anuncio de una nueva macrourbanización en Roquetas de Mar vuelve a evidenciar un error que se repite desde hace décadas: un modelo de desarrollo basado en el ladrillo, el consumo intensivo de suelo y el beneficio a corto plazo, aun cuando ello suponga sacrificar territorio, recursos hídricos y calidad de vida. En una provincia como Almería, marcada por la escasez de agua y la presión urbanística, insistir en esta fórmula resulta especialmente preocupante.
Roquetas de Mar es ya uno de los municipios más densamente poblados de Andalucía. Pese a ello, se continúa apostando por un crecimiento extensivo que no ofrece soluciones sostenibles y que amenaza los valores ambientales y sociales del municipio.
El proyecto: ¿qué se quiere construir?
La iniciativa se localiza en uno de los últimos grandes espacios libres del litoral roquetero, en torno a sectores como Las Salinas y Playa Serena Sur. El plan contempla miles de viviendas, hoteles, zonas comerciales y nuevas infraestructuras, avanzando sobre suelos actualmente naturales o semi-naturales. Promociones recientes como Salinas Golf, junto al campo de golf de Playa Serena, anticipan esta tendencia de expansión residencial y turística.
Sin embargo, no se trata solo de sumar viviendas. El proyecto aspira a transformar de manera profunda un litoral frágil, situado en un espacio intermedio entre urbanización, agricultura intensiva e invernaderos, acumulando impactos ambientales que difícilmente podrán revertirse.
La mayor preocupación es su proximidad al Punta Entinas-Sabinar, uno de los ecosistemas más valiosos del Poniente almeriense y protegido por diversas figuras europeas e internacionales. Se trata de un enclave que alberga playas, dunas, salinas y humedales esenciales para la biodiversidad y para numerosas especies de aves.
Urbanizar este entorno supone una amenaza directa sobre hábitats frágiles, altera el equilibrio del humedal y abre la puerta a una degradación ambiental progresiva del litoral.
Proteger nuestro litoral
Estas advertencias no responden a un alarmismo puntual. Desde hace años, organizaciones ecologistas y colectivos ciudadanos denuncian la insuficiente protección del paraje y la persistente presión urbanística sobre su entorno. Gracias a su labor, el espacio ha evitado en el pasado una transformación irreversible, aunque las amenazas continúan latentes.
También desde el ámbito político se ha reclamado recientemente una protección efectiva de Punta Entinas-Sabinar y de las zonas colindantes, destacando su función como “isla climática” y su papel en la mitigación del cambio climático.
Almería se sitúa en una de las zonas más áridas de Europa. El agua es un recurso limitado y cada vez más tensionado. Añadir cientos de viviendas, hoteles, piscinas y zonas verdes implica un incremento del consumo hídrico difícilmente compatible con la realidad del territorio.
A ello se suman los efectos colaterales de este tipo de desarrollos: más tráfico, mayor dependencia del vehículo privado, incremento de emisiones, ruido y pérdida de calidad de vida. La experiencia demuestra que estas macrourbanizaciones generan empleo temporal y especulación, pero no desarrollo estable ni bienestar duradero.
Roquetas de Mar dispone de alternativas: regeneración urbana, protección del litoral, turismo sostenible, diversificación económica y una planificación acorde con los límites del territorio. Persistir en el modelo del cemento no es progreso, sino una forma de hipotecar el futuro de la ciudad y de la provincia.
El territorio tiene límites. El litoral tiene límites. El agua tiene límites. Ignorarlos no es progreso: es hipotecar nuestro futuro.








