El Dragoncillo del Cabo: una joya botánica única y amenazada

Dragoncillo del Cabo
Opinión
El autor de este artículo de opinión

Merche Bodega

Entre los roquedos volcánicos que miran al Mediterráneo en el extremo oriental de Almería sobrevive una de las plantas más singulares y emblemáticas de nuestra flora: el dragoncillo del Cabo, cuyo nombre científico es Antirrhinum charidemi. Se trata de un endemismo exclusivo de un área muy reducida del litoral almeriense, lo que la convierte en un auténtico tesoro natural… y también en una especie extremadamente vulnerable.

El dragoncillo del Cabo es una hierba perenne de porte discreto, que rara vez supera los 35 centímetros de altura. Sus tallos son frágiles, a menudo tendidos o ligeramente ascendentes, y la planta aparece densamente ramificada y cubierta de una fina pubescencia. Las hojas, pequeñas y ovaladas, se disponen de forma opuesta en la base y alterna en la parte superior.

Sin embargo, su rasgo más llamativo son las flores. Agrupadas en inflorescencias racemosas, presentan una corola rosada atravesada por venas rojas, con la garganta y el paladar de color amarillo intenso. Esta estructura floral, conocida como personada, recuerda a una pequeña boca cerrada, típica de los “dragoncillos”. La floración se prolonga durante todo el año, un hecho poco común que incrementa su valor ornamental y ecológico.

Un endemismo ligado al paisaje volcánico

Esta especie vive exclusivamente sobre materiales volcánicos y está restringida a algunos enclaves muy concretos del entorno del Cabo de Gata, como La Vela Blanca o el Barranco del Sabinar. Su área de distribución es tan reducida que cualquier alteración del medio tiene consecuencias directas sobre su supervivencia.

El botánico danés J. Lange describió la especie en 1881, y su nombre específico, charidemi, procede del topónimo clásico Promontorium Charidemi, con el que Tolomeo designó este lugar. Siglos antes, el poeta Avieno lo conocía como Cabo de Venus, en alusión a un antiguo templo dedicado a la diosa.

Pese a su belleza y singularidad, el dragoncillo del Cabo se encuentra hoy en una situación muy delicada. El ganado, que consume la planta con avidez, ha sido históricamente una de sus principales amenazas. En la naturaleza, solo logran sobrevivir los ejemplares protegidos por grietas y salientes rocosos inaccesibles para los animales. A ello se suman la presión turística y los impactos derivados de la urbanización del litoral.

Por todo ello, la especie figura en la Lista Roja de la Flora Vascular Española y en la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía, catalogada como En peligro crítico. Afortunadamente, todo su hábitat se encuentra dentro del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, lo que garantiza un marco legal de protección imprescindible para su conservación.

El dragoncillo del Cabo está considerado la gran joya botánica del parque natural. No es el único endemismo del área: en una célebre excursión botánica por el Barranco del Sabinar, el Hermano Rufino llegó a describir este enclave como “la capilla Sixtina de la botánica almeriense”, por concentrar varias especies únicas en el mundo.

Como nota esperanzadora, Antirrhinum charidemi se cultiva con éxito como planta ornamental en el Parque de El Boticario, donde puede ser admirada sin poner en riesgo a las poblaciones silvestres. Su fácil enraizamiento y prolongada floración demuestran que la conservación y la divulgación pueden ir de la mano.

Proteger al dragoncillo del Cabo no es solo preservar una planta rara; es salvaguardar una parte irremplazable del patrimonio natural y cultural de Almería.



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