En el mundo del arte, la idea de que el talento debe manifestarse desde la juventud ha sido comúnmente aceptada. Sin embargo, existen numerosos ejemplos de pintores que encontraron su verdadera vocación artística en etapas avanzadas de su vida. Estos “pintores con vocación tardía” demuestran que la creatividad no entiende de edades y que nunca es tarde para descubrir y desarrollar una pasión.
Es el caso de Julio Escurín, residente en San José y dibujante por afición desde su infancia. Inspirado por aquellos tebeos del genial historietista y dibujante español Boixcar, la vocación de pintor le llegó a partir de su jubilación en 2008, una trayectoria que discurre por el carboncillo, el pastel y el óleo hasta descubrir la versatilidad del acrílico.
Su obra es un homenaje permanente a San José y al Parque Natural de Cabo de Gata, una crónica visual a los rincones de un paraje incomparable que ha sabido capturar con gran fidelidad, dotando a cada una de sus obras de una sensibilidad y detalle que reflejan su profundo amor por la observación y la técnica.
En definitiva, un ejemplo inspirador de que el arte puede florecer en cualquier momento de la vida como a Escurín. Así, su legado nos invita a romper prejuicios sobre la edad y a valorar la creatividad como una vía de realización personal y social, independientemente de cuándo se descubra.
Amante de la F1 y Moto GP, sus otras grandes pasiones, actualmente continua su formación en Centros de San Isidro y Campohermoso, compartiendo caballete con otros artistas de diversas generaciones y estilos.




















