El anuncio del I Taller de Tauromaquia – Ciudad de Vera, respaldado por el Ayuntamiento de Vera, vuelve a situar sobre la mesa un debate que debería estar ya superado: el uso de recursos públicos para promocionar actividades basadas en el maltrato y la explotación de animales.
Mientras una parte creciente de la sociedad avanza hacia modelos de convivencia más éticos, respetuosos y acordes con la sensibilidad actual, sorprende que las administraciones sigan destinando tiempo, infraestructuras y apoyo institucional a iniciativas que normalizan el sufrimiento animal como espectáculo y como “formación”.
Bajo un lenguaje edulcorado que habla de cultura, tradición y experiencia formativa, el fondo de la cuestión es innegable: se está fomentando una práctica cuyo eje central es causar dolor y muerte a un animal como forma de entretenimiento. Resulta difícil de justificar que, en pleno siglo XXI, se promuevan talleres donde se enseña a manejar capotes, muletas y a enfrentarse a reses, mientras se habla de convivencia, valores o aprendizaje.
Más preocupante aún es que este tipo de actividades cuenten con el respaldo de una institución pública. Ese apoyo implica, de facto, asumir como propias unas prácticas que chocan frontalmente con el sentir de miles de vecinos que rechazan cualquier forma de violencia hacia los animales y que reclaman que los fondos públicos se destinen a políticas sociales, culturales y deportivas inclusivas, educativas y respetuosas.
No se trata de atacar a quienes mantienen afición por la tauromaquia, sino de exigir coherencia a las administraciones: el dinero de todos no debe emplearse para financiar, directa o indirectamente, actividades que fomentan el maltrato animal. La ciudadanía tiene derecho a pedir que sus impuestos se utilicen para mejorar la calidad de vida, apoyar la educación, la protección animal, el deporte base, la cultura accesible y el bienestar social. Respaldar talleres taurinos va exactamente en la dirección contraria.







