Son muy dados la mayoría de gobernantes andaluces -también los de otros territorios- a poner por las nubes a su Comunidad por los logros y realizaciones efectuadas por la Administración que representan, generalmente por encima de la media nacional sino a la cabeza interterritorial o en relación con años pretéritos. Ante semejante locuacidad de tan ilustres trovadores, bien se podía pensar que Andalucía es modelo de desarrollo y bienestar de sus ciudadanos. Mas cuando el que habla o informa no se encuentra en la nómina del gobierno de Moreno Bonilla las conclusiones son bien distintas.
Es el caso del Instituto Nacional de Estadística (INE) que acaba de publicar la Encuesta de Condiciones de Vida (Tasa AROPE), un informe que contabiliza la población que en España está en riesgo de pobreza, tiene carencia material y social severa, o reside en un hogar en el que haya baja intensidad de empleo. Una investigación que sitúa a Andalucía como la comunidad autónoma española con la tasa de riesgo o exclusión social más alta del país: 34,7% de la población al término del pasado año, nueve puntos por encima de la media nacional. Analizando las dificultades para llegar a fin de mes, este porcentaje alcanza el 11,3%, igualmente entre los más elevados del país.
Los datos son tozudos respecto a la dimensión estructural de este fenómeno en España, con Andalucía como el peor ejemplo de esta latente desigualdad territorial. El resultado es que al término de 2025 nada menos que algo más de un tercio de su población sufre carencias materiales severas, viven en riesgo de pobreza y tenían serios problemas para llegar a fin de mes. Unas cifras que ponen de manifiesto la necesidad de políticas públicas más eficaces y de medidas urgentes para combatir y mejorar la calidad de vida de los andaluces, tratando así de evitar que la brecha social siga aumentando en los próximos años en comparación con otros territorios del Estado.
Mientras la pobreza en Andalucía siga enquistada y se transmita de generación en generación, y las diferencias sociales y territoriales se hagan cada vez más evidentes, la sociedad que sale de ella será siempre más desigual, agrandando aún más la brecha norte-sur que tradicionalmente divide este país. Un camino alejado de los vaticinios que escuchamos cada día y que transcurren en sentido contrario a la realidad de Andalucía. Que uno de cada tres andaluces estén en riesgo de pobreza o exclusión social resulta un dato perturbador para esta tierra.








