Los apagones son silenciosos, todo se para y se calla. Pero ayer hicemos ruido para llamar la atención sobre los repetidos cortes de luz que sufrimos y lo que suponen para nuestra vida diaria. No queremos estar a oscuras, no queremos pagar el recibo de la luz y que el suministro no llegue a nuestras casas, no queremos que se paralicen nuestros trabajos y nuestras actividades diarias.
El domingo empezaron a llegar vecinas y vecinos del pueblo, y también del Pozo de los Frailes. Son las doce de la mañana y vienen a la Plaza de Marga Estebaranz con cacerolas, cucharones, un tambor, tapaderas, tazas metálicas y comienza el estruendo. Un centenar de personas haciendo ruido llamando la atención sobre la falta de un servicio básico.
Es la metáfora de un grito pero parece un acto festivo, porque toda reunión del vecindario debería serlo, también cuando se trata de una reivindicación. Y después del estruendo volvemos a nuestras casas, como en las plazas de otros pueblos donde sabemos que el vecindario también se ha reunido para que nos escuchen.
Nuestro ruido provoca acción, unión, queremos que nuestros gestores municipales reclamen los servicios por los que pagamos y necesitamos para vivir. Porque el ruido hace que nos oigamos y que nos oigan en nuestra reivindicación común: ¡Que llegue la electricidad a nuestros pueblos1.








