La aparición de numerosas garrafas de combustible abandonadas en varias calas del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar ha generado preocupación entre vecinos y autoridades por el impacto ambiental que pueden provocar estos residuos en uno de los espacios naturales más valiosos del litoral almeriense.
Los recipientes, localizados en distintos puntos de la costa, estarían relacionados con la actividad conocida como “petaqueo”, un sistema utilizado por organizaciones criminales para suministrar combustible a embarcaciones empleadas en el narcotráfico y en el traslado ilegal de personas. Estas garrafas son utilizadas para transportar gasolina que posteriormente se entrega a las denominadas narcolanchas en el mar.
La presencia de estos recipientes con restos de combustible supone un riesgo tanto para el medio marino como para el ecosistema terrestre del parque natural, declarado geoparque mundial por la UNESCO. Vecinos y colectivos locales han alertado del aumento de este tipo de residuos en la zona y del impacto que pueden tener sobre el entorno natural y la imagen turística del litoral almeriense.
Las administraciones han señalado que existe coordinación con las fuerzas de seguridad para retirar las garrafas abandonadas y tratar de evitar que se repitan estos vertidos en el futuro.
Una práctica ligada al narcotráfico
El llamado petaqueo forma parte de la logística del narcotráfico en el Mediterráneo y consiste en transportar combustible en garrafas o depósitos para abastecer a las narcolanchas que operan en alta mar. En los últimos años, esta actividad ha aumentado en distintas zonas del litoral andaluz y ha obligado a reforzar la vigilancia policial en la costa.
Recientemente, el Congreso ha aprobado reformas legales para endurecer las penas contra esta actividad, que puede ser castigada con penas de prisión de entre tres y cinco años al considerarse un elemento clave dentro de la estructura logística de las redes de narcotráfico.
Mientras tanto, la aparición de estas garrafas en calas del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar vuelve a poner de relieve la necesidad de reforzar las medidas de control y protección ambiental en uno de los espacios naturales más emblemáticos de la provincia de Almería.







