El alga invasora avanza por la costa andaluza y enciende las alarmas en el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar

Alga asiática
Cabo de Gata
La expansión del alga asiática Rugulopteryx okamurae continúa generando una creciente preocupación en el litoral andaluz y sitúa al Parque Natural Cabo de Gata-Níjar entre los espacios naturales que podrían verse más afectados si la especie sigue extendiéndose por la costa mediterránea.

Aunque la mayor acumulación de esta alga invasora se concentra actualmente en las costas del Estrecho de Gibraltar y del litoral atlántico andaluz, los expertos advierten de que su presencia ya alcanza buena parte del litoral andaluz, incluido el Mediterráneo oriental. La especie ha demostrado una extraordinaria capacidad de expansión y, una vez asentada en un ecosistema, su erradicación resulta prácticamente imposible, por lo que los esfuerzos se centran en controlar sus efectos y reducir su impacto.

La principal preocupación en Cabo de Gata radica en el enorme valor ecológico de sus fondos marinos. El parque alberga algunas de las praderas de Posidonia oceánica mejor conservadas del Mediterráneo español, además de arrecifes rocosos, comunidades de algas autóctonas y una gran diversidad de especies de peces e invertebrados. La llegada masiva de Rugulopteryx okamurae podría alterar este delicado equilibrio ecológico al competir por el espacio y la luz con las especies nativas, reduciendo la biodiversidad y modificando los hábitats marinos.

Las consecuencias no serían únicamente ambientales. El Parque Natural Cabo de Gata-Níjar sustenta buena parte de su actividad económica en el turismo de naturaleza, el buceo recreativo, el snorkel, la pesca artesanal y las actividades náuticas. La acumulación de grandes cantidades de algas en playas y calas podría afectar a la calidad paisajística del litoral, dificultar el baño y obligar a incrementar las labores de limpieza, con el consiguiente coste económico para las administraciones públicas. Además, la presencia de esta especie también puede perjudicar a la pesca, al enredarse en redes y aparejos y alterar los ecosistemas donde se desarrollan numerosas especies comerciales.

La experiencia de otros puntos del litoral andaluz demuestra la magnitud del problema. Municipios del litoral gaditano llevan años retirando miles de toneladas de esta alga de sus playas, destinando importantes recursos humanos y económicos a unas labores de limpieza que deben repetirse de forma continua durante la temporada estival.

Los especialistas coinciden en que la lucha contra Rugulopteryx okamurae ya no pasa por su eliminación completa, sino por una gestión basada en el seguimiento científico, la monitorización de su expansión, la retirada de los arribazones cuando alcanzan la costa y la búsqueda de posibles aprovechamientos para la biomasa retirada.

Ante este escenario, la vigilancia en el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar adquiere una importancia estratégica. La conservación de uno de los espacios marinos más valiosos del Mediterráneo español dependerá, en buena medida, de la capacidad para detectar de forma temprana la presencia de esta especie invasora y minimizar sus efectos sobre un ecosistema de extraordinaria riqueza biológica y sobre una economía local estrechamente vinculada al mar y al turismo sostenible.



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