Greenpeace alerta de que la costa de Almería se enfrenta a una doble amenaza: la presión urbanística y el cambio climático

El mar del Parque... tan suyo
Cabo de Gata
La organización ecologista Greenpeace sitúa a la costa almeriense entre los puntos más sensibles del litoral andaluz en su informe Destrucción a toda costa 2026. El documento advierte de que la combinación del avance urbanístico, la erosión y los efectos del cambio climático está incrementando la vulnerabilidad de espacios de alto valor ecológico, especialmente en el entorno del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar.

El informe, publicado esta semana por Greenpeace, analiza el estado del litoral español y localiza 194 puntos críticos repartidos por toda la costa del país. En Andalucía identifica 46 enclaves especialmente amenazados, entre ellos varios situados en la provincia de Almería.

Cabo de Gata, Carboneras y el litoral almeriense, entre los espacios más sensibles

Greenpeace señala que la costa de Almería soporta una doble presión. Por un lado, el avance de nuevos desarrollos urbanísticos y grandes proyectos turísticos; por otro, unos efectos del cambio climático cada vez más visibles, como la regresión de las playas, la erosión del litoral, el aumento del nivel del mar y el calentamiento del Mediterráneo.

La organización considera especialmente sensibles los espacios protegidos del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, donde la conservación de dunas, saladares, praderas marinas y acantilados resulta esencial para amortiguar el impacto de los temporales y preservar la biodiversidad. También pone el foco sobre zonas sometidas a una intensa presión urbanística, como Carboneras, donde el caso del hotel de El Algarrobico continúa siendo un símbolo del conflicto entre conservación y desarrollo del litoral.

Un Mediterráneo que se calienta más rápido

El informe advierte de que el mar Mediterráneo se está calentando aproximadamente un 20 % más rápido que la media mundial, un fenómeno que favorece la aparición de olas de calor marinas, altera los ecosistemas costeros y acelera la pérdida de biodiversidad.

Entre las consecuencias figuran la degradación de las praderas de posidonia, la llegada de especies tropicales, la desaparición de especies adaptadas a aguas más frías y un aumento de la intensidad de los temporales que afectan a las playas.

Críticas a las regeneraciones artificiales de playas

Greenpeace cuestiona el modelo basado en regeneraciones periódicas mediante aportes de arena y reconstrucción de paseos marítimos. La organización sostiene que estas actuaciones tienen un elevado coste económico y ofrecen soluciones temporales, sin abordar las causas estructurales de la regresión costera.

En su lugar, propone una estrategia de adaptación basada en la restauración de sistemas dunares, humedales y desembocaduras de ríos, la recuperación de sedimentos y la limitación de nuevas construcciones en zonas especialmente expuestas a inundaciones y temporales.

Un cambio de modelo para proteger el litoral

El informe concluye que la protección del litoral pasa por reducir la presión urbanística y favorecer soluciones basadas en la naturaleza frente a las infraestructuras rígidas. Greenpeace defiende que conservar los ecosistemas costeros no solo protege la biodiversidad, sino que también constituye la mejor herramienta para reducir los daños provocados por el cambio climático y garantizar la resiliencia de la costa en las próximas décadas.



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