Un artículo publicado por El HuffPost pone el foco en una realidad que suele quedar fuera del debate sobre la despoblación: pueblos y núcleos costeros que mantienen viviendas cerradas durante buena parte del año mientras sus vecinos afrontan dificultades para acceder a una vivienda, servicios públicos insuficientes y graves carencias en infraestructuras básicas.
Hay una imagen de la despoblación que ya forma parte del imaginario colectivo: pueblos del interior con calles vacías, negocios cerrados, escuelas que pierden alumnos y vecinos cada vez más mayores. Pero existe otra España vaciada que apenas aparece en ese relato. Está frente al mar, tiene playas espectaculares, viviendas de alto valor y recibe miles de visitantes durante el verano.
Esta realidad ha sido puesta sobre la mesa por un artículo publicado el 16 de septiembre por El HuffPost, titulado “La ‘otra España vaciada’ está frente al mar: ‘¿Quién vive ahí? ¿Por qué está siempre cerrado?’”. El reportaje recoge la experiencia de la creadora de contenido Kristina Escortell, que durante un recorrido por las costas de Almería, Murcia y Alicante se sorprendió al encontrar numerosas viviendas situadas en primera línea prácticamente cerradas durante buena parte del año.
La pregunta que plantea el artículo es sencilla: “¿Quién vive ahí?”. Pero detrás de ella existe un problema mucho más profundo que la mera estacionalidad turística.
Cuando el éxito turístico expulsa a quienes viven allí
El fenómeno resulta especialmente significativo en lugares como el litoral de Cabo de Gata-Níjar. Allí conviven dos realidades aparentemente contradictorias. Por un lado, un territorio convertido en uno de los grandes destinos turísticos del Mediterráneo, con una enorme demanda de alojamiento y unas viviendas que alcanzan precios elevados. Por otro, vecinos que tienen dificultades crecientes para encontrar una vivienda que puedan pagar y trabajadores que durante la temporada turística necesitan residir cerca de sus puestos de trabajo.
La paradoja es evidente: puede resultar más fácil encontrar alojamiento para quien llega durante unos días de vacaciones que para quien necesita vivir allí durante todo el año.
El problema no se limita a las viviendas turísticas. También afecta al crecimiento de las segundas residencias y a un mercado inmobiliario cada vez más orientado hacia compradores e inversores que no tienen necesariamente su residencia habitual en estos núcleos.
Un reciente análisis sobre el desarrollo urbanístico en Cabo de Gata-Níjar ya advertía de que buena parte de la nueva oferta residencial está orientada hacia la segunda residencia y señalaba las dificultades de la población local para acceder a ella. El fenómeno tiene además una consecuencia especialmente llamativa: trabajadores vinculados al turismo y a la agricultura pueden terminar buscando alojamiento lejos de los lugares donde trabajan.
Pueblos llenos en verano y vacíos el resto del año
La estacionalidad transforma completamente la vida de estos núcleos. Durante los meses de mayor afluencia, las carreteras, playas, aparcamientos, establecimientos hosteleros y servicios soportan una presión muy superior a la que correspondería a la población residente. Sin embargo, cuando termina la temporada, muchos de esos mismos espacios recuperan una imagen muy diferente, con viviendas cerradas y una actividad económica mucho menor.
El propio Ayuntamiento de Níjar reconoce en su documentación de planificación que la población estacional llega a duplicar a la residente en los núcleos costeros y que esta situación supone un importante reto para la gestión de la movilidad y de los servicios públicos. También señala la presión que la afluencia turística ejerce sobre el Parque Natural y las limitaciones existentes en materia de transporte público.
Por tanto, no estamos únicamente ante un problema de casas vacías. Estamos ante un modelo territorial que puede generar una enorme demanda de servicios durante determinadas épocas del año sin garantizar necesariamente unas condiciones equivalentes para quienes permanecen allí todo el año.
La cara menos conocida: vivir sin los servicios que debería tener un territorio turístico
Hablar de esta “otra España vaciada” obliga también a mirar más allá del precio de la vivienda. En los pueblos del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar llevan años planteándose problemas relacionados con el transporte público, las carreteras, el alumbrado, las redes de agua y saneamiento, las telecomunicaciones, el asfaltado, el acerado o la respuesta ante emergencias.
Las asociaciones vecinales de los núcleos del Parque han denunciado precisamente deficiencias en infraestructuras eléctricas, agua potable y alcantarillado, problemas de mantenimiento de las vías urbanas, falta de transporte público suficiente y dificultades de cobertura móvil e internet. También han reclamado una mayor oferta pública de vivienda para las personas que necesitan residir en estos municipios.
Es una cuestión fundamental: un territorio no puede medirse únicamente por el número de turistas que recibe, sino también por las condiciones de vida que ofrece a quienes lo habitan durante los doce meses del año.
La vivienda vacacional no puede ser la única respuesta
La discusión sobre la vivienda en los municipios costeros suele plantearse desde la necesidad de construir más. Sin embargo, el problema puede ser bastante más complejo.
En Almería existen decenas de miles de viviendas vacías y un porcentaje elevado de viviendas que no son residencia habitual. El diagnóstico de la Agenda Urbana de Almería ya advertía de la elevada proporción de viviendas no principales y señalaba específicamente el peso de la segunda residencia en zonas como Cabo de Gata.
Esto plantea una cuestión esencial: ¿de qué sirve seguir aumentando la oferta residencial si una parte significativa de las viviendas no termina destinada a residencia habitual? La respuesta exige políticas que diferencien entre vivienda para vivir y vivienda concebida fundamentalmente como activo turístico o segunda residencia.
Y también obliga a hablar de vivienda pública, alquiler asequible, rehabilitación, regulación de los usos turísticos y medidas específicas para garantizar que quienes trabajan en estos municipios puedan vivir en ellos.
Los trabajadores que sostienen el turismo también necesitan un lugar donde vivir
La pregunta que formula el artículo de El HuffPost —“¿Dónde viven los que trabajan en ese chiringuito?”— probablemente sea una de las más importantes de todo el reportaje. Porque detrás de cada restaurante, alojamiento, comercio, empresa turística o servicio de temporada hay personas. Camareros, cocineros, personal de limpieza, mantenimiento, comercio, socorristas, trabajadores de actividades turísticas o empleados municipales necesitan viviendas. También las necesitan quienes trabajan en la agricultura y quienes prestan servicios esenciales durante todo el año.
Si los precios de la vivienda expulsan a esos trabajadores hacia municipios cada vez más alejados, aumentan los desplazamientos, la dependencia del automóvil y la presión sobre las carreteras. Y, al mismo tiempo, se debilita la vida cotidiana de los propios pueblos.
Una perspectiva que debería entrar en el debate sobre la España vaciada
El concepto de España vaciada se ha asociado tradicionalmente al interior rural. Pero la realidad demuestra que la despoblación y la pérdida de población estable pueden adoptar formas muy diferentes.
También existe una despoblación estacional: lugares donde hay edificios, carreteras, playas y urbanizaciones, pero donde una parte importante de las viviendas permanece cerrada durante meses. No es exactamente la misma realidad que la de un pequeño municipio del interior que pierde población por falta de empleo. Pero comparte una consecuencia: la dificultad para mantener comunidades estables y garantizar servicios públicos adecuados durante todo el año.
En el caso de Cabo de Gata, además, esta cuestión adquiere una dimensión añadida porque se trata de un espacio natural protegido. La presión turística, residencial y de movilidad tiene consecuencias sobre un territorio especialmente sensible.
Por eso resulta especialmente importante que el debate no se limite a decidir cuántos visitantes pueden entrar en una playa o cuántas viviendas pueden construirse. Hay que preguntarse también qué modelo de territorio se quiere y, sobre todo, para quién.
Un paraíso también necesita vecinos
El artículo de El HuffPost acierta al poner el foco sobre una imagen aparentemente contradictoria: viviendas privilegiadas frente al mar que permanecen cerradas mientras las personas que trabajan en esos mismos lugares encuentran dificultades para vivir allí.
La cuestión va mucho más allá de una fotografía de casas vacías. Hablar de la “otra España vaciada” significa hablar de derecho a la vivienda, servicios públicos, transporte, infraestructuras, empleo, conectividad y capacidad para construir un proyecto de vida en el lugar donde se ha nacido o donde se trabaja.
Y en territorios como Cabo de Gata-Níjar, significa también entender que proteger un espacio natural no consiste únicamente en conservar sus paisajes. Significa garantizar que los pueblos que forman parte de ese paisaje puedan seguir teniendo vecinos, actividad económica y servicios durante todo el año.
Porque un pueblo costero lleno de viviendas cerradas puede parecer lleno desde el punto de vista inmobiliario. Pero desde el punto de vista humano, puede estar quedándose vacío.







