En el corazón del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, rodeado por un paisaje de origen volcánico único en la Península Ibérica, se encuentra Rodalquilar, un pequeño pueblo cuya historia quedó marcada para siempre por la extracción de oro. Aunque hoy es un tranquilo destino turístico y uno de los enclaves patrimoniales más visitados de la provincia, durante buena parte del siglo XX fue el principal centro productor de oro de España y un auténtico motor económico para el levante almeriense.
La presencia de este metal precioso está directamente relacionada con el intenso vulcanismo que dio forma a la sierra hace millones de años. La circulación de fluidos hidrotermales por las fracturas de las antiguas rocas volcánicas favoreció la formación de vetas ricas en minerales, entre ellas las que contenían oro. Los primeros indicios de su existencia ya eran conocidos en el siglo XIX, aunque los intentos iniciales de explotación apenas resultaron rentables debido a las limitaciones técnicas de la época.
El gran impulso llegó a partir de la década de 1930 y, especialmente, tras la Guerra Civil, cuando el Estado apostó por modernizar las explotaciones a través de la Empresa Nacional Adaro, integrada en el Instituto Nacional de Industria (INI). La construcción de la conocida planta Dorr, inaugurada en 1956, supuso un antes y un después. Gracias a avanzados procesos de trituración, molienda y cianuración del mineral, las instalaciones alcanzaron niveles de producción nunca vistos hasta entonces y situaron a Rodalquilar como la referencia de la minería aurífera española.
El desarrollo de la actividad minera transformó por completo la vida del pueblo. Se levantaron viviendas para los trabajadores, oficinas, talleres, laboratorios, un economato, escuela, instalaciones deportivas y otros servicios que dieron forma a una auténtica comunidad industrial. Cientos de personas llegaron desde distintos puntos de Almería y de otras provincias para trabajar en las minas, convirtiendo a Rodalquilar en un núcleo próspero en pleno Cabo de Gata.
Sin embargo, aquel esplendor tuvo una vida relativamente corta. A comienzos de los años sesenta las reservas más ricas comenzaron a agotarse y la concentración de oro en el mineral fue disminuyendo, mientras aumentaban los costes de extracción. La explotación dejó de ser rentable y en 1966 cesó definitivamente la actividad. El cierre provocó un importante éxodo de población y muchas familias abandonaron el municipio en busca de nuevas oportunidades laborales.
Del patrimonio industrial al atractivo turístico
Durante años, las instalaciones permanecieron abandonadas hasta que la declaración del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar en 1987 impulsó una nueva visión sobre este legado industrial. En lugar de desaparecer, la antigua explotación minera pasó a ser considerada un valioso patrimonio histórico y geológico.
Hoy, la planta Dorr, las tolvas, los cargaderos, los talleres y las antiguas galerías constituyen uno de los conjuntos de arqueología industrial más importantes de Andalucía. Junto al cercano Jardín Botánico El Albardinal y la Casa de los Volcanes, permiten comprender cómo la geología volcánica condicionó tanto el paisaje como el desarrollo económico de esta parte de Almería.
Un legado que sigue brillando
Aunque hace casi sesenta años que dejó de extraerse oro, Rodalquilar continúa despertando el interés de miles de visitantes cada año. Sus instalaciones mineras, integradas en un paisaje de extraordinaria belleza, se han convertido en un símbolo del patrimonio industrial almeriense y en un testimonio de una época en la que el «oro de Cabo de Gata» atrajo inversión, empleo y esperanza a una comarca que encontró en la minería uno de los capítulos más singulares de su historia. Hoy, ese legado permanece vivo gracias a la conservación del patrimonio, la investigación y el turismo cultural, que permiten descubrir cómo un pequeño pueblo del levante almeriense llegó a convertirse en el particular «Dorado» de España.







