La actividad minera desarrollada durante décadas en Rodalquilar continúa teniendo consecuencias sobre el medio subterráneo del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. Un estudio realizado por investigadores del Departamento de Ecología y Geología y del Centro de Hidrogeología de la Universidad de Málaga ha identificado concentraciones elevadas de distintos metales y metaloides en las aguas subterráneas vinculadas a la antigua escombrera de residuos de la explotación aurífera.
La investigación, publicada en 2026 en Geogaceta, analiza específicamente la influencia de la escombrera generada por el tratamiento del mineral mediante procesos de cianuración. Los residuos ocupan una superficie aproximada de 0,13 kilómetros cuadrados y permanecen sobre materiales volcánicos y depósitos detríticos del valle de Rodalquilar.
El trabajo pone el foco en siete elementos: cromo, manganeso, níquel, cobre, zinc, arsénico y plomo. Para estudiar su comportamiento, los investigadores analizaron muestras procedentes de siete sondeos, 14 pozos y un manantial, situados tanto aguas arriba como aguas abajo de la escombrera. Además, realizaron experimentos de laboratorio durante 80 días con muestras de diferentes tipos de suelo.
Arsénico y plomo, los elementos que más preocupan
Los resultados muestran diferencias significativas entre las aguas situadas antes y después de la escombrera siguiendo el flujo subterráneo. Aguas arriba, la concentración media de arsénico era de 12,2 microgramos por litro, mientras que aguas abajo aumentaba hasta 53,1 microgramos por litro. En el caso del plomo, el incremento era todavía más significativo: de 0,2 a 10,7 microgramos por litro. También se incrementaban otros parámetros relacionados con la composición del agua. La conductividad eléctrica media pasaba de 3,4 a 5,2 mS/cm, mientras que la concentración de sulfatos prácticamente se duplicaba, desde 400,3 hasta 859,7 miligramos por litro.
Los investigadores atribuyen este comportamiento, especialmente en el caso del arsénico y el plomo, a la infiltración de lixiviados procedentes de la escombrera. El agua que atraviesa los residuos puede movilizar determinados elementos y trasladarlos hacia el acuífero.
El estudio considera especialmente relevantes las concentraciones de arsénico y plomo por su potencial riesgo para los ecosistemas. En cambio, otros elementos analizados, como manganeso, cobre y zinc, muestran una evolución diferente y tienden a disminuir aguas abajo como consecuencia de procesos naturales de precipitación, retención o bioabsorción.
La lluvia puede reactivar la movilización de contaminantes
Uno de los aspectos más relevantes de la investigación es que la contaminación no permanece necesariamente estática. La escombrera está sometida a la acción de episodios de precipitaciones intensas y del viento, que pueden erosionar los residuos y favorecer tanto su transporte superficial como la infiltración de determinados compuestos.
Los investigadores concluyen que la movilización de metales y metaloides está condicionada por las precipitaciones, además de por los diferentes procesos hidrogeoquímicos que tienen lugar en el subsuelo.
Este factor adquiere especial importancia en Rodalquilar. El Parque Natural Cabo de Gata-Níjar es una de las regiones más áridas de Europa y dispone de unos recursos hídricos limitados. Precisamente por ello, las aguas subterráneas tienen una importancia ambiental considerable para el mantenimiento de los ecosistemas del espacio protegido.
La investigación señala que el sustrato volcánico presenta, en general, una baja permeabilidad, aunque las características geológicas e hidrogeológicas de la zona permiten la existencia de diferentes sistemas de circulación del agua. Investigaciones anteriores de la propia Universidad de Málaga ya habían apuntado a una posible continuidad hidrogeológica entre las rocas volcánicas y los depósitos detríticos situados hacia el este.
Una herencia de la minería del siglo XX
La explotación de oro de Rodalquilar constituye uno de los episodios mineros más conocidos de la historia reciente de Almería. El complejo minero estuvo activo durante el siglo XX y utilizó la cianuración para extraer el oro del mineral.
El problema ambiental persiste décadas después del abandono de la actividad debido a la permanencia de los residuos generados durante aquellos procesos. La investigación de la Universidad de Málaga identifica precisamente la antigua escombrera como uno de los elementos fundamentales para explicar la presencia y movilización de determinados contaminantes.
Los análisis de los lixiviados procedentes de la propia escombrera muestran concentraciones especialmente elevadas. En las muestras de agua recogidas directamente en estos drenajes, el arsénico alcanzó un promedio de 1.045,9 microgramos por litro, mientras que el plomo llegó a 103,9 microgramos por litro. También se registraron valores elevados de zinc, con 734,5 microgramos por litro.
Los experimentos de laboratorio reforzaron las observaciones realizadas sobre el terreno. En las muestras de suelo de la escombrera, el arsénico alcanzó una concentración media de 904,1 microgramos por litro durante el experimento de 80 días, mientras que otros elementos presentaron sus valores máximos en muestras procedentes de los depósitos detríticos o del sustrato volcánico.
Un problema conocido desde hace años
La investigación de 2026 no parte de cero. Los efectos ambientales de la antigua minería de Rodalquilar habían sido documentados anteriormente por distintos equipos científicos.
Trabajos previos ya habían detectado la presencia de arsénico, plomo, cobre, zinc y otros elementos en suelos, sedimentos y aguas subterráneas del valle. Estudios hidrogeológicos anteriores también habían identificado concentraciones elevadas de diferentes elementos metálicos y habían advertido de la necesidad de considerar la contaminación asociada a las antiguas actividades mineras.
Lo que aporta el nuevo trabajo de la Universidad de Málaga es una caracterización más reciente de la distribución espacial de los contaminantes y de los mecanismos que controlan su movilización, combinando mediciones realizadas directamente en el campo con experimentos de laboratorio.
La investigación permite así establecer una relación más precisa entre la antigua escombrera y el comportamiento actual de determinados contaminantes en las aguas subterráneas.
Una herencia ambiental que sigue activa
El caso de Rodalquilar evidencia que el impacto de una explotación minera no desaparece necesariamente cuando cesa la extracción. Los residuos acumulados durante décadas pueden continuar interactuando con el agua, el suelo y la atmósfera y convertirse en una fuente de movilización de elementos potencialmente contaminantes.
En el caso de Rodalquilar, los investigadores concluyen que el arsénico y el plomo aumentan aguas abajo de la escombrera como consecuencia de la infiltración de lixiviados, mientras que otros metales siguen procesos diferentes de retención y precipitación. La movilización, además, está condicionada por las precipitaciones y por la compleja interacción entre agua, suelo y minerales.
La importancia de estos resultados va más allá del antiguo complejo minero. La zona se encuentra en pleno Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, un espacio protegido donde el agua constituye un recurso especialmente escaso y estratégico.
Más de medio siglo después de que la minería del oro dejara de marcar el paisaje económico de Rodalquilar, sus residuos continúan formando parte del funcionamiento ambiental del territorio. La investigación universitaria pone de manifiesto que la restauración de una antigua zona minera no termina con el abandono de las instalaciones: la contaminación que permanece en el suelo puede seguir entrando en el ciclo del agua durante décadas.







