La bentonita extraída de la Serrata de Níjar vuelve a demostrar sus propiedades como material de confinamiento: al aumentar su compactación, dificulta el desplazamiento de sustancias radiactivas. Una arcilla extraída durante décadas en la Serrata de Níjar vuelve a situar a Almería en el centro de una investigación científica relacionada con uno de los grandes retos de la gestión de los residuos radiactivos: conseguir que permanezcan aislados durante periodos de tiempo que pueden alcanzar miles de años.
Se trata de la bentonita del yacimiento del Cortijo de Archidona, un material que lleva décadas siendo estudiado por investigadores españoles como posible componente de las barreras de ingeniería utilizadas en los sistemas de almacenamiento geológico profundo de residuos nucleares. El CIEMAT señala que esta bentonita fue seleccionada como material español de referencia por sus características físico-químicas, mecánicas, hidráulicas y geoquímicas.
Ahora, una investigación publicada en julio de 2026 en Applied Geochemistry ha sometido la bentonita almeriense a una nueva prueba: comprobar cómo se comportan diferentes sustancias radiactivas cuando intentan atravesarla.
El resultado aporta nuevos datos sobre la capacidad de este material para ralentizar el desplazamiento de radionucleidos, especialmente cuando la arcilla se encuentra fuertemente compactada.
Cuatro sustancias radiactivas atraviesan la bentonita de Níjar
Los investigadores estudiaron el comportamiento de cuatro sustancias: agua tritiada, cloro-36, azufre-35 y selenio-75. La investigación comprobó que no todas se desplazan de la misma manera a través de la bentonita. El agua tritiada presentó una mayor movilidad, mientras que el selenio fue el que encontró mayores dificultades para atravesar el material.
Una de las conclusiones más relevantes fue la influencia de la compactación. Al aumentar la densidad de la bentonita, disminuye el espacio disponible en su interior y, con ello, se dificulta el movimiento de las sustancias.
Según los resultados recogidos en el estudio, el aumento de la compactación permitió reducir entre 1,4 y 2,8 veces, dependiendo de la sustancia analizada, la velocidad de desplazamiento a través de la arcilla.
Este comportamiento resulta especialmente importante en el concepto de almacenamiento geológico profundo. La idea no consiste simplemente en enterrar los residuos, sino en crear un sistema de barreras sucesivas: el residuo se introduce en un contenedor y este queda rodeado por materiales capaces de limitar el contacto con el agua y dificultar que los radionucleidos puedan desplazarse hacia el exterior. La bentonita constituye una de esas barreras.
Una arcilla nijareña estudiada desde hace más de tres décadas
La relación entre la Serrata de Níjar y la investigación sobre residuos radiactivos no es nueva. El CIEMAT lleva décadas estudiando las bentonitas del entorno de Cabo de Gata y, concretamente, el material procedente del Cortijo de Archidona.
Ya en los primeros trabajos de selección realizados para el proyecto FEBEX, la bentonita de la Serrata de Níjar fue considerada, junto con otros yacimientos españoles, como candidata para utilizarse como material de relleno y sellado en almacenamientos geológicos profundos.
El interés científico por esta arcilla se explica por varias de sus propiedades. La bentonita presenta una elevada capacidad de hinchamiento cuando entra en contacto con el agua, baja permeabilidad y capacidad para limitar el movimiento de determinadas sustancias. Estas características son fundamentales para que pueda funcionar como barrera de ingeniería.
Los estudios desarrollados durante años han analizado aspectos tan diferentes como su comportamiento mecánico, hidráulico, termohidráulico y geoquímico. La bentonita del Cortijo de Archidona fue, además, utilizada en el proyecto FEBEX, uno de los grandes programas experimentales europeos destinados a estudiar el comportamiento de las barreras de bentonita en condiciones similares a las que podrían encontrarse en un almacenamiento geológico profundo. La documentación científica identifica expresamente este material como la bentonita FEBEX procedente de Almería.
El calor también cambia el comportamiento del material
La nueva investigación aporta otro elemento importante: la temperatura modifica la velocidad de transporte de las sustancias a través de la bentonita. En los experimentos realizados, cuando la temperatura aumentó de 25 a 80 grados, el desplazamiento de las sustancias estudiadas se aceleró generalmente entre tres y cinco veces.
Este aspecto tiene especial relevancia en el caso de los residuos radiactivos de alta actividad, porque algunos de ellos generan calor durante los primeros años posteriores a su almacenamiento.
El dato no significa que la bentonita deje de ser una barrera eficaz a temperaturas elevadas, sino que obliga a estudiar cómo evoluciona su comportamiento durante las distintas fases de la vida de un almacenamiento geológico.
Precisamente por eso, la investigación sobre estos materiales no se limita a una única prueba. Durante años se han realizado experimentos destinados a conocer qué ocurre cuando la bentonita se somete simultáneamente a calor, agua, sales, metales, microorganismos y sustancias radiactivas. Incluso se han estudiado los efectos que podrían tener los microorganismos sobre la corrosión de los contenedores y sobre el transporte de radionucleidos.
Otros trabajos han analizado también la interacción entre la bentonita de la Serrata de Níjar y soluciones alcalinas similares a las que podrían producirse durante la degradación de materiales de cemento en un almacenamiento profundo. La investigación científica desarrollada durante décadas convierte así a la bentonita de Níjar en uno de los materiales geológicos españoles mejor caracterizados para este tipo de aplicaciones.
Níjar, protagonista de una investigación que mira miles de años hacia el futuro
El interés por esta arcilla no implica que exista un proyecto para construir en Níjar un almacén de residuos nucleares. Son cuestiones diferentes. Lo que existe es una investigación científica destinada a determinar si determinados materiales naturales pueden formar parte de las barreras artificiales necesarias para un eventual almacenamiento geológico profundo.
El objetivo último es extremadamente exigente: garantizar que los radionucleidos permanezcan confinados durante periodos de tiempo muy prolongados. Los propios estudios del CIEMAT señalan que estos materiales deben contribuir a minimizar los flujos de agua, amortiguar esfuerzos, limitar la corrosión de los contenedores y, finalmente, retener los radionucleidos durante miles de años. Y en esa investigación, una parte del subsuelo de Níjar y de la Serrata de Cabo de Gata lleva más de treinta años desempeñando un papel inesperadamente importante.
La arcilla que durante décadas se extrajo con fines industriales se ha convertido así en objeto de sofisticados experimentos de laboratorio destinados a responder una pregunta que mira mucho más allá del presente: si algún día un residuo radiactivo lograra escapar de su contenedor, ¿podría una capa de bentonita almeriense ralentizarlo lo suficiente como para mantenerlo aislado del medio ambiente?
Los últimos resultados aportan una nueva pieza a esa compleja investigación y vuelven a poner el nombre de Níjar en el mapa internacional de los estudios sobre barreras para el almacenamiento de residuos radiactivos.







