Una investigación policial desarrollada en Níjar ha terminado con la condena de dos hombres por su participación en una estructura dedicada al cultivo de marihuana. El caso revela la complejidad de algunas plantaciones clandestinas, capaces de ocultarse tras la apariencia de viviendas o cortijos convencionales y dotarse de espacios especialmente diseñados para ocultar la actividad ilícita.
La operación permitió localizar dos cultivos que, conjuntamente, reunían cerca de 1.500 plantas de marihuana y 968 esquejes. Uno de los inmuebles investigados escondía además una estructura subterránea a la que se accedía mediante una entrada camuflada bajo un falso vestidor.
La sentencia impone un año de prisión a cada uno de los dos acusados por un delito contra la salud pública, además de condenas económicas por el fraude de electricidad. Otros tres investigados fueron absueltos al no quedar acreditada suficientemente su participación en la actividad delictiva.
Un falso vestidor ocultaba el acceso a los cultivos y a las armas
Uno de los elementos más llamativos de la investigación fue el complejo subterráneo localizado en uno de los cortijos. Desde el exterior, el inmueble presentaba el aspecto de una vivienda convencional, pero en su interior los investigadores encontraron una entrada camuflada bajo un vestidor que conducía a diferentes espacios ocultos. Tras acceder al primer habitáculo, una escalera de caracol permitía llegar a otras dependencias construidas bajo tierra. El conjunto funcionaba como una infraestructura clandestina destinada a ocultar parte de la actividad relacionada con el cultivo y almacenamiento de marihuana.
En este inmueble fueron localizadas 925 plantas de cannabis, además de diferentes elementos relacionados con el tratamiento, preparación y distribución de la droga. También aparecieron anotaciones y sistemas destinados al control del dinero. Pero el hallazgo más sorprendente se produjo al localizar en estos espacios subterráneos un auténtico arsenal. Los agentes encontraron subfusiles de asalto, pistolas, una granada de mano y armas blancas. La existencia de estas armas aporta una dimensión especialmente grave al caso, aunque la sentencia no condena a los dos acusados por un delito relacionado con el arsenal, sino por los hechos vinculados al cultivo de marihuana que quedaron acreditados durante el procedimiento.
En una segunda finca se encontraron otras 562 plantas y 968 esquejes. En conjunto, las actuaciones permitieron intervenir alrededor de 18,3 kilos de marihuana, con una valoración económica en el mercado ilícito superior a los 92.000 euros.
La investigación también puso de manifiesto el grado de organización de la actividad. El cultivo requería instalaciones específicas y un importante consumo energético, hasta el punto de que el inmueble carecía de un contrato eléctrico regular y utilizaba varios enganches ilegales a la red.
Los técnicos determinaron que la potencia utilizada podía llegar a ser diez veces superior a la correspondiente a una vivienda de características similares, una circunstancia habitual en este tipo de plantaciones cuando se necesitan mantener sistemas de iluminación y otros equipos durante largos periodos.
El fraude eléctrico también ha tenido consecuencias judiciales. Los dos condenados deberán abonar una multa de seis meses a razón de cinco euros diarios y hacer frente al pago de casi 12.000 euros a la compañía eléctrica por el suministro defraudado.
Condenas económicas y una realidad que continúa presente en Níjar
La sentencia establece además para cada uno de los condenados una multa de 185.888,66 euros por el delito contra la salud pública, además de las cantidades derivadas del fraude eléctrico.
La resolución diferencia entre quienes tuvieron una participación acreditada en los cultivos y aquellos respecto de los cuales no existían pruebas suficientes para establecer responsabilidad penal. Por ello, otros tres investigados resultaron absueltos.
Aunque los hechos juzgados se remontan a 2017 y 2018, el caso vuelve a poner el foco sobre un fenómeno que continúa teniendo una presencia relevante en la provincia de Almería: la proliferación de cultivos clandestinos de cannabis y las estructuras utilizadas para desarrollarlos.
Las operaciones policiales realizadas en los últimos años han permitido descubrir plantaciones en viviendas, cortijos, naves agrícolas e invernaderos, en algunos casos acompañadas de conexiones ilegales a la red eléctrica y sistemas destinados a ocultar las instalaciones.
Níjar aparece de forma recurrente en estas investigaciones debido a la extensión de su territorio y a la existencia de numerosas explotaciones agrícolas y edificaciones dispersas, unas características que pueden dificultar la detección de determinadas actividades clandestinas.
El caso ahora juzgado muestra hasta dónde puede llegar la sofisticación de algunas de estas estructuras. La utilización de habitáculos subterráneos, accesos camuflados, cultivos de gran capacidad y conexiones eléctricas fraudulentas revela una planificación muy alejada de una plantación ocasional.
La presencia de armas en el interior del búnker añade además un elemento especialmente inquietante, aunque la responsabilidad penal por estos hechos deba determinarse de acuerdo con las pruebas concretas existentes contra cada acusado.







