La creciente oposición ciudadana al uso de motos de agua en espacios naturales protegidos continúa ganando fuerza en el litoral mediterráneo. Tras las restricciones implantadas en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, un nuevo movimiento vecinal y conservacionista ha surgido ahora en la Costa Tropical de Granada para reclamar un corredor marino libre de estos vehículos entre dos áreas protegidas de la Red Natura 2000.
La iniciativa, impulsada por residentes, usuarios del mar y colectivos preocupados por la conservación del medio marino, propone eliminar la circulación de motos acuáticas en la bahía de La Herradura, creando un corredor ecológico entre el Paraje Natural de los Acantilados de Maro-Cerro Gordo y la Zona Especial de Conservación (ZEC) de los Fondos Marinos de Tesorillo-Salobreña. Los promotores consideran que la medida permitiría dar continuidad a la protección de dos espacios de alto valor ecológico y reduciría los impactos sobre la fauna marina y la seguridad de los bañistas.
Esta reivindicación se suma a un movimiento que comenzó hace meses en el Mar Menor, donde asociaciones vecinales y ecologistas vienen reclamando mayores limitaciones al uso de motos de agua por los problemas de convivencia, seguridad y conservación ambiental que generan. Paralelamente, las administraciones han intensificado la vigilancia y el control sobre estos vehículos tras el incremento de las infracciones detectadas durante las últimas temporadas estivales.
En el caso del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, la limitación de la circulación de motos de agua en buena parte de su litoral ha sido recibida de forma positiva por numerosos colectivos ambientales y usuarios habituales del parque, que consideran que estas medidas contribuyen a preservar la tranquilidad del entorno, proteger la fauna marina y mejorar la seguridad de quienes practican actividades como el baño, el buceo o el kayak.
La aparición de nuevas iniciativas en distintos puntos del Mediterráneo refleja una tendencia creciente hacia un modelo de gestión del litoral que prioriza la conservación de los ecosistemas marinos y la compatibilidad entre el uso recreativo del mar y la protección de los espacios naturales. La propuesta planteada en La Herradura representa un nuevo paso en ese debate, que cada verano cobra mayor protagonismo en las zonas costeras de mayor valor ambiental.







