¿Por qué se están produciendo terremotos en Granada y Almería?: un territorio en movimiento

Terremoto de Granada de 1884
Sociedad
La sucesión de terremotos registrada durante las últimas semanas en Granada ha vuelto a poner el foco sobre una realidad que los expertos conocen desde hace décadas: Granada y Almería se encuentran en una de las regiones con mayor actividad sísmica de la Península Ibérica. No se trata de un fenómeno extraño ni de una señal de que la actividad sísmica haya aparecido de repente, sino de la consecuencia de una compleja dinámica tectónica que mantiene en movimiento continuo el sureste de la península.

La actual serie sísmica de Granada comenzó a intensificarse a mediados de agosto y ha dejado centenares de movimientos, la mayoría de pequeña magnitud. Los dos terremotos más importantes alcanzaron magnitudes cercanas a 4,8 y tuvieron sus epicentros en el entorno de Alhendín y Otura. Posteriormente se han seguido registrando numerosos temblores, aunque con una tendencia general hacia una menor intensidad.

Pero ¿por qué esta zona tiembla con tanta frecuencia?

El choque entre África y Eurasia

La explicación fundamental se encuentra a escala continental. África y Eurasia continúan aproximándose, generando esfuerzos que deforman lentamente la corteza terrestre en el Mediterráneo occidental.

El Instituto Geográfico Nacional explica que las Béticas se encuentran dentro de una región condicionada por la convergencia entre las placas euroasiática y africana. En el entorno del mar de Alborán, esta convergencia presenta además un componente de desplazamiento lateral y se estima actualmente en unos 5 milímetros al año.

Puede parecer una velocidad insignificante, pero el movimiento es permanente. La energía y las tensiones se van acumulando en las rocas y, cuando determinadas fallas alcanzan las condiciones necesarias para desplazarse, esa energía se libera bruscamente en forma de ondas sísmicas. Es lo que percibimos como un terremoto.

Granada: una cuenca especialmente activa

La provincia de Granada ocupa una posición particularmente sensible dentro de este complejo sistema geológico. La cuenca de Granada es una de las áreas con mayor actividad sísmica de la Península Ibérica.

Según el IGN, la sismicidad de esta zona se concentra principalmente a poca profundidad y está relacionada con sistemas de fallas activas. En las cuencas intramontañosas predominan determinadas fallas de tipo normal, asociadas a un régimen tectónico que provoca la extensión de la corteza en determinadas direcciones.

Esto ayuda a explicar también por qué algunos terremotos relativamente modestos pueden sentirse con claridad: muchos de ellos tienen epicentros muy superficiales.

En la actual serie, por ejemplo, se han registrado terremotos a profundidades de apenas unos pocos kilómetros. El IGN recoge movimientos recientes de magnitudes inferiores a 2,5 que, pese a su escasa energía, llegaron a ser percibidos en distintos municipios del área metropolitana granadina.

¿Y qué relación tiene Almería?

Almería forma parte del mismo gran escenario tectónico. La provincia se encuentra en el extremo oriental de las Béticas y muy próxima al mar de Alborán, una de las zonas geológicamente más complejas y activas del Mediterráneo occidental.

El IGN señala que en el entorno de Alborán existe una intensa actividad tectónica y una red de fallas activas. Entre ellas destaca la falla de Carboneras, que conecta el entorno de Almería con el norte de Marruecos, además de otros sistemas como las fallas de Al-Idrissi y Adra. Estas estructuras concentran buena parte de la actividad sísmica de la región.

Por ello, Granada y Almería no constituyen dos focos sísmicos aislados, sino que forman parte de un amplio sistema tectónico que se extiende por las Béticas y el mar de Alborán.

Una zona que ya ha sufrido grandes terremotos

La historia demuestra que no estamos ante un fenómeno nuevo. El registro histórico del IGN recoge importantes terremotos en las dos provincias. En Almería destacan, entre otros, los terremotos de 1518 en Vera, 1522 en Alhama de Almería y 1804 en Dalías. Este último tuvo una magnitud estimada de 6,4 y alcanzó una intensidad VIII-IX, provocando una enorme destrucción y centenares de víctimas.

En Granada, uno de los episodios históricos más conocidos es el terremoto de Arenas del Rey de 1884, cuya magnitud se estima alrededor de 6,5 y que alcanzó intensidades de IX-X. Fue uno de los terremotos más destructivos registrados en la historia contemporánea de España. Estos antecedentes explican por qué Andalucía oriental está considerada una zona de especial interés desde el punto de vista de la prevención sísmica.

La actual sucesión de movimientos en Granada ha llamado especialmente la atención por la cantidad de terremotos registrados en pocos días. El IGN contabilizó centenares de eventos desde el comienzo de la serie y llegó a instalar estaciones sísmicas portátiles en el área epicentral para mejorar la localización y caracterización de los movimientos.

Los especialistas consultados en los últimos días han comparado esta situación con otras series sísmicas o enjambres registrados anteriormente en Granada, como los episodios de 2020-2021. La actividad, además, ha mostrado una tendencia reciente a disminuir tanto en número como en intensidad.

Lo importante es que la sismología actual no permite predecir cuándo se producirá un terremoto concreto. Que se produzcan numerosos movimientos pequeños tampoco permite afirmar que necesariamente vaya a producirse después uno de mayor magnitud.

La imagen más adecuada, por tanto, no es la de una tierra que de repente comienza a moverse, sino la de una región geológicamente activa que nunca ha dejado de hacerlo.

La mayoría de los terremotos que se producen en Granada y Almería son demasiado pequeños para ser percibidos por la población. Solo una parte llega a sentirse y, ocasionalmente, se producen episodios como el actual, en los que muchos movimientos se concentran en un periodo relativamente corto.

La explicación está bajo nuestros pies: África continúa desplazándose respecto a Eurasia, las fallas acumulan y liberan tensión y las Béticas constituyen uno de los principales escenarios de esa actividad tectónica en la Península Ibérica.

Por eso Granada y Almería tiemblan. No porque esté ocurriendo algo inexplicable, sino porque el Mediterráneo occidental sigue siendo, literalmente, un territorio en movimiento.



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