Las calles del histórico barrio del Realejo, en Granada, se han transformado en el escenario de una original acción vecinal para denunciar los efectos que la expansión del turismo está teniendo sobre la vida cotidiana, el acceso a la vivienda y la permanencia de la población residente. A través de una iniciativa denominada “Anti Tour”, vecinos, colectivos sociales y artistas han recurrido al teatro, la sátira y la participación ciudadana para visibilizar los problemas derivados de la creciente presión turística que soporta esta zona de la ciudad.
La actividad, impulsada por la asociación vecinal Por un Realejo Habitable y el colectivo teatral Gato Gordo, recorrió diversos puntos del barrio mediante una visita guiada alternativa que combinó humor y reivindicación social. Durante el recorrido, los participantes denunciaron el aumento de los alojamientos turísticos, la subida de los precios de la vivienda, la pérdida de población residente y la transformación progresiva de los espacios públicos en áreas orientadas principalmente al consumo y al turismo.
Los colectivos organizadores sostienen que la proliferación de viviendas turísticas está reduciendo las posibilidades de acceso a una vivienda asequible para quienes desean vivir en el barrio. Según los datos recopilados por los propios vecinos, el número de alojamientos turísticos ha aumentado de forma considerable en los últimos años, una situación que relacionan con el encarecimiento de los alquileres y con el desplazamiento progresivo de la población residente.
Uno de los elementos más llamativos de la protesta fue una peculiar procesión de maletas por las calles del Realejo. El ruido de las ruedas sobre el empedrado, habitual en las zonas más visitadas por los turistas, se convirtió en un símbolo de denuncia frente a un modelo urbano que, según los organizadores, está modificando la identidad del barrio y poniendo en riesgo sus redes comunitarias.
La iniciativa también sirvió para llamar la atención sobre otros aspectos vinculados a la turistificación, como la ocupación creciente del espacio público por terrazas, las dificultades de movilidad para los residentes o la adaptación de determinados servicios urbanos a las necesidades de los visitantes en detrimento de las de quienes viven en la zona.
El componente artístico tuvo un papel protagonista durante toda la jornada. El colectivo Gato Gordo desarrolló diversas intervenciones teatrales en las que transformó elementos asociados al turismo masivo, como los cajetines de llaves de apartamentos turísticos o determinadas infraestructuras urbanas, en objetos de crítica social. Sus integrantes defienden el arte como una herramienta capaz de generar reflexión colectiva y fortalecer la movilización vecinal frente a los procesos de especulación urbanística.
La jornada concluyó con un llamamiento a la organización ciudadana y a la defensa del derecho a la vivienda. Los participantes reivindicaron la necesidad de adoptar medidas que permitan compatibilizar la actividad turística con el mantenimiento de barrios habitables, evitando que la presión inmobiliaria y el incremento de los alojamientos turísticos terminen expulsando a quienes históricamente han dado vida a estos espacios urbanos.







