Almería se convierte en punto de encuentro del arte europeo con la inauguración de una exposición temporal dedicada a dos de los grandes genios del grabado: Francisco de Goya y Rembrandt van Rijn. La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo 22 de marzo en el Museo de Arte Doña Pakyta, reúne un total de veintidós obras —once de cada autor— en el Espacio CAMINA.
El concejal de Turismo, Comunicaciones y Promoción de la Ciudad, Joaquín Pérez de la Blanca, ha inaugurado la exposición acompañado por el director del museo y comisario de la muestra, Juan Manuel Martín. El edil almeriense ha agradecido la colaboración de la Fundación de Arte Ibáñez Cosentino y del Museo Ibáñez, entidades que han hecho posible la llegada de esta exposición a la ciudad.
Dos genios que transformaron el grabado europeo
En el caso de Rembrandt, considerado maestro indiscutible del Barroco europeo, la exposición ofrece un recorrido por distintas etapas de su producción como grabador. Desde obras de ejecución ágil y trazo expresivo —como Mendigo con sombrero (c. 1630) o su Autorretrato de 1631— hasta composiciones de mayor complejidad y profundidad psicológica, como los retratos de Arnold Tholinx (1655) y Thomas Jacobsz Haaring, el joven (1656).
Especial relevancia adquiere el aguafuerte y punta seca Cristo sanando a los enfermos (1648), conocida popularmente como “la estampa de los cien florines”, considerada una de las obras maestras del artista por su extraordinaria fuerza compositiva y su valor histórico.
Por su parte, Francisco de Goya, figura clave del grabado español y uno de los grandes renovadores del arte europeo del siglo XIX, está representado a través de estampas pertenecientes a algunas de sus series más emblemáticas. Entre ellas destacan Menipo, de la serie dedicada a las Pinturas de Velázquez; cinco estampas seleccionadas de Los Caprichos; Grande hazaña, con muertos, perteneciente a Los desastres de la guerra; y tres obras de la serie La Tauromaquia.
Goya supo convertir el grabado en un poderoso medio de reflexión crítica y testimonio histórico, plasmando en sus obras la convulsa realidad social y política de su tiempo, mientras que Rembrandt destacó por la maestría técnica y la profundidad humana de sus representaciones.







