Almería ha alcanzado los 788.934 habitantes y se consolida como la vigésima provincia española más poblada tras superar a Córdoba y Toledo. El crecimiento demográfico, que ha sumado 11.554 residentes en apenas un año, confirma el dinamismo de la provincia, pero también obliga a afrontar retos como la vivienda, los servicios públicos, las infraestructuras, la movilidad, el agua y la planificación territorial.
Almería continúa ganando peso demográfico dentro del conjunto de España. La provincia ha alcanzado los 788.934 habitantes a 1 de julio de 2026, después de incorporar 11.554 residentes en un año, lo que supone un crecimiento interanual del 1,49 %. Con esta evolución, Almería ha superado en población a Córdoba y Toledo y se sitúa ya como la vigésima provincia española con mayor número de habitantes.
El dato adquiere todavía mayor relevancia si se observa la distancia que separa a Almería de los 800.000 habitantes. Apenas 11.066 personas separan actualmente a la provincia de ese umbral, lo que permite anticipar que, si se mantiene la tendencia, podría alcanzarse en un futuro próximo.
Pero más allá del carácter simbólico de esa cifra, el crecimiento demográfico plantea una cuestión mucho más importante: ¿está Almería preparada para afrontar las consecuencias de tener una población cada vez mayor?
Una provincia que gana peso, con más habitantes y más necesidades
El aumento de población refleja el atractivo que mantiene Almería como territorio residencial y económico. Frente a provincias que afrontan procesos de estancamiento o incluso pérdida de habitantes, Almería continúa incorporando población.
Este crecimiento está relacionado con la capacidad de la provincia para generar actividad económica y empleo, especialmente en sectores como la agricultura, la industria agroalimentaria, los servicios, la hostelería y el turismo.
Además, la población extranjera desempeña un papel fundamental en esta evolución. Aproximadamente uno de cada cuatro habitantes de la provincia ha nacido fuera de España, una realidad que evidencia la importancia de la inmigración tanto en el crecimiento demográfico como en el mercado laboral almeriense.
Este fenómeno debe ser contemplado como una cuestión estructural. La población inmigrante no solo contribuye al incremento del número de habitantes, sino que participa activamente en sectores esenciales para la economía provincial.
Pero el crecimiento demográfico no puede analizarse únicamente desde una perspectiva económica. Una provincia que aumenta su población necesita también incrementar y adaptar sus servicios públicos. Más habitantes significan una mayor demanda de atención sanitaria, centros educativos, servicios sociales, transporte público, vivienda, abastecimiento de agua, gestión de residuos, seguridad y protección civil.
Por ello, los datos demográficos deberían convertirse en una referencia fundamental para la planificación de las administraciones públicas. No resulta suficiente con constatar que Almería crece: hay que anticiparse a las necesidades que ese crecimiento va a generar. La sanidad constituye uno de los ejemplos más evidentes. Una población próxima a los 800.000 habitantes requiere una red de atención primaria y hospitalaria dimensionada de acuerdo con esa realidad, además de suficientes profesionales sanitarios.
Lo mismo ocurre con la educación, los servicios sociales o la atención a las personas mayores. El aumento de población debe ir acompañado de una ampliación proporcional de las capacidades de los servicios públicos.
La vivienda, uno de los grandes desafíos
El crecimiento demográfico también ejerce presión sobre el mercado inmobiliario. Más población significa más demanda de vivienda, especialmente en aquellos municipios que concentran empleo y actividad económica.
Almería ya afronta dificultades para garantizar el acceso a una vivienda asequible, particularmente entre jóvenes, familias con rentas medias y bajas y trabajadores que necesitan residir cerca de sus centros de trabajo.
Por ello, el crecimiento demográfico debería ir acompañado de una política mucho más ambiciosa de vivienda pública y protegida y de medidas destinadas a garantizar un parque suficiente de alquiler residencial.
De lo contrario, existe el riesgo de que el incremento de población termine traduciéndose en un aumento de los precios y en mayores dificultades para acceder a una vivienda habitual.
Una movilidad que necesita adaptarse
El crecimiento de la población también pone de manifiesto las carencias existentes en materia de infraestructuras y transporte.
La expansión demográfica del Poniente, el Levante y el área metropolitana de Almería exige alternativas al vehículo privado. Una provincia que se acerca a los 800.000 habitantes necesita una red de transporte público capaz de conectar eficazmente sus principales núcleos urbanos y áreas económicas.
La mejora de las conexiones ferroviarias y el desarrollo de sistemas de transporte público metropolitano adquieren así una importancia estratégica.
No se puede seguir planificando la movilidad provincial con parámetros correspondientes a una población considerablemente menor. El crecimiento demográfico exige anticipar las necesidades de desplazamiento de cientos de miles de personas.
El agua y el territorio, dos límites fundamentales
Almería afronta, además, una particularidad que diferencia su crecimiento de otros territorios: sus limitaciones ambientales y de recursos naturales.
El agua constituye uno de los principales desafíos. Una población mayor implica una mayor demanda de agua para consumo urbano, servicios, agricultura e industria.
Por eso, el crecimiento demográfico no puede plantearse exclusivamente desde la perspectiva de la expansión urbanística. Almería necesita una planificación territorial capaz de compatibilizar el aumento de población con la disponibilidad de recursos y la conservación de sus espacios naturales.
El futuro de la provincia pasa por encontrar un equilibrio entre actividad económica, crecimiento residencial y protección ambiental. Espacios como el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, los ecosistemas litorales y los acuíferos no pueden quedar al margen de esta planificación.
Crecer no significa necesariamente prosperar
Los casi 789.000 habitantes constituyen, sin duda, un indicador del dinamismo de Almería. La provincia atrae población, genera actividad económica y mantiene capacidad para ofrecer oportunidades laborales.
Pero el crecimiento demográfico no debe confundirse automáticamente con progreso.
La verdadera cuestión es si ese incremento de población va acompañado de una mejora de las condiciones de vida. Si aumentan los habitantes pero también lo hacen el precio de la vivienda, los problemas de movilidad, la presión sobre la sanidad, la precariedad laboral o las dificultades para acceder a determinados servicios, el crecimiento puede terminar generando nuevas desigualdades.
Por el contrario, si el aumento de población se acompaña de inversión pública, vivienda asequible, mejores transportes, servicios públicos suficientes y una planificación territorial sostenible, puede convertirse en una de las grandes fortalezas de la provincia.
El dato de población debería servir, por tanto, como una llamada de atención para las administraciones. Almería ya no puede continuar planificando su futuro como si fuera una provincia de 600.000 o 700.000 habitantes.
Los 788.934 residentes actuales sitúan a Almería ante una nueva realidad demográfica. La provincia está a las puertas de los 800.000 habitantes y debe comenzar a diseñar las políticas necesarias para afrontar ese escenario.
La pregunta ya no es únicamente cuántos habitantes tendrá Almería dentro de unos años. La cuestión fundamental es qué condiciones de vida tendrán esos habitantes, qué servicios públicos encontrarán, dónde podrán vivir, cómo se desplazarán y qué territorio recibirán de las generaciones anteriores.
El crecimiento demográfico puede ser una oportunidad extraordinaria para Almería, pero solo si se acompaña de planificación. Porque una provincia más poblada necesita también más vivienda asequible, mejores servicios públicos, más transporte, infraestructuras adecuadas y una gestión responsable de sus recursos naturales.
Almería se acerca a los 800.000 habitantes. El reto ahora no consiste simplemente en celebrar que somos más, sino en conseguir que vivir en una provincia más poblada signifique también vivir mejor.







