La inestabilidad que atraviesa el Ayuntamiento de Garrucha ha adquirido una nueva dimensión tras las acusaciones que apuntan a intereses urbanísticos como telón de fondo del conflicto político. Lo que inicialmente parecía un desacuerdo sobre el cumplimiento de un pacto de alternancia en la Alcaldía se ha transformado en un debate mucho más profundo sobre quién controla el futuro del suelo municipal.
Desde el PSOE local se sostiene que el intento de relevo en la Alcaldía no obedece únicamente a razones políticas, sino a presiones externas vinculadas al urbanismo, con el objetivo de situar al concejal tránsfuga Álvaro Ramos al frente del Consistorio. A su juicio, Garrucha dispone de una de las bolsas de suelo más atractivas del litoral almeriense, lo que convierte al municipio en un foco de interés más allá de sus fronteras.
La ruptura del acuerdo de gobierno firmado tras las elecciones de 2023, que preveía la alternancia en la Alcaldía en 2026, ha dejado al Ayuntamiento en una situación de bloqueo institucional, con acusaciones cruzadas y una creciente desconfianza ciudadana. Mientras unas partes hablan de irregularidades económicas y falta de transparencia, otras insisten en que el verdadero debate está en proteger el patrimonio urbanístico del municipio frente a operaciones especulativas.
Con las alianzas rotas y el futuro político en el aire, Garrucha se enfrenta ahora a un momento decisivo en el que no solo está en juego el liderazgo municipal, sino también el modelo de desarrollo que marcará el rumbo del municipio en los próximos años.







