En horario de ‘Saber y Ganar’, el Almería supo y ganó

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La provincia
La cuarta victoria consecutiva de la UD Almería llegó en Son Moix con una receta que empieza a convertirse en sello de identidad: resistencia, orden, adaptación y un colmillo ofensivo capaz de castigar el mínimo error. Miguel de la Fuente puso el gol y Andrés Fernández cerró la persiana. El Almería ya sabe ganar de muchas maneras.

Hay partidos que se ganan jugando. Otros se ganan compitiendo. Y algunos, como el de este domingo en Son Moix, se ganan sabiendo exactamente qué partido tienes delante. El Almería conquistó Mallorca por 0-1, encadenó su cuarta victoria consecutiva y volvió a dejar la portería a cero. Pero el resultado cuenta apenas una parte de la historia. La otra está en la capacidad de un equipo que fue camaleónico, que supo sufrir cuando tocaba sufrir y que, cuando llegó su momento, mordió como una bestia.

García Pimienta volvió a mover el cubilete. Cuatro cambios en el once respecto al último encuentro, con Vesga, Chirino, Quim Junyent y Arribas entrando de inicio. Virus FIFA mediante, tampoco había otra manera de cocinar el partido. Y el Almería volvió a demostrar que empieza a tener algo que durante mucho tiempo se le reclamó: estructura.

Resistir para crecer

Los huesos duros de roer exigen paciencia. Y el Mallorca lo era. Los bermellones llegaban a Son Moix con cinco porterías a cero en las seis primeras jornadas y con la etiqueta de equipo difícil de descoser. El Almería tenía que encontrar la combinación de la caja fuerte sin dejar la puerta de la suya abierta.

Los primeros minutos fueron locales. El Mallorca salió con más mordiente y consiguió instalarse en campo almeriense. Al cuarto de hora llegó el primer gran susto: Antoniu Roca recibió un balón al espacio, se plantó ante Andrés Fernández y se encontró con una roca bajo palos.

Roca se topó con otra roca. Andrés sacó las piernas para mantener el 0-0 y empezó a escribir su propia crónica dentro de la crónica. El Mallorca seguía apretando y Pablo Torre avisó poco después con un disparo desde la frontal que acabó estrellándose contra el palo. Son Moix empezaba a oler a gol.

Pero el Almería no se descompuso. Eso, precisamente eso, es noticia. Los rojiblancos defendían juntos, basculaban juntos y, sobre todo, no entraban en pánico. Había que resistir y se resistía.

La primera respuesta seria de los de Pimienta apareció en el minuto 24. Arribas recibió cerca del área y armó rápidamente la zurda. Su disparo, cercano al punto de penalti, encontró en su camino a un defensor mallorquinista. Y entonces llegó el golpe. Minuto 34. Falta lejana para Embarba. El balón salió disparado, zigzagueó camino del área y Arnau Tenas no consiguió blocarlo. El cuero quedó muerto, vivo, disponible.

Y allí apareció Miguel de la Fuente. Un delantero no necesita invitación cuando huele sangre. El nueve del Almería atacó el rechace con hambre y reventó la pelota dentro de la portería. 0-1. El Almería había sufrido durante buena parte del primer acto y, sin embargo, se marchaba por delante. Eso también es fútbol.

El Almería cambia de piel

Si el primer tiempo había sido de resistencia, el segundo fue otra película. Los rojiblancos salieron con otra marcha y comenzaron a jugar más arriba. Miguel de la Fuente cayó a la derecha y encontró a Sergio Arribas. El madrileño recibió, giró sobre su pierna derecha y soltó rápidamente la zurda. El balón rozó el poste.

La jugada tenía algo de baloncesto: recibir, girar, crear espacio y tirar antes de que llegara el defensor. Arribas quería el segundo. Y estuvo a punto de encontrarlo.

En el 56′, una magnífica acción colectiva entre Javi Muñoz, Arribas y De la Fuente terminó con un disparo del delantero que Tenas consiguió rechazar. El balón quedó suelto en el área pequeña y Arribas apareció para rematar. Pero no llegó el 0-2.

El Mallorca había pasado de mandar a perseguir. El Almería había cambiado de piel. El partido entró entonces en un territorio conocido para este nuevo Almería. Línea defensiva compacta. Distancias cortas. Ayudas constantes. Centro del campo trabajando como una trituradora.

El Mallorca buscaba agujeros y encontraba paredes. Centros, combinaciones, balones interiores… todo acababa chocando contra un equipo que defendía como bloque. Y ahí está quizá una de las grandes transformaciones de este Almería: defender ya no parece una actividad de emergencia. Forma parte del plan. Pimienta había conseguido que sus jugadores entendieran que un partido puede tener varios guiones y que no siempre hay que jugarlo de la misma manera.

Andrés pone el cerrojo

Pero Son Moix seguía vivo. En el minuto 73, Darder apareció desde atrás y recibió una pelota peligrosa. Más que rematar, intentó colocarla hacia la portería. Andrés Fernández la atrapó sin conceder segunda jugada. Susto. Aunque todavía quedaba el grande. Porque cuando el reloj ya se acercaba al descuento, el Mallorca encontró una ocasión que parecía destinada a cambiar la historia.

Minuto 91. Remate a bocajarro. Y Andrés Fernández. Otra vez Andrés Fernández. El guardameta almeriense realizó una intervención extraordinaria y, prácticamente sobre la línea de gol, consiguió despejar el balón a córner. Ya no quedaba ninguna parte del cuerpo que no hubiese utilizado. Solo faltaba el alma. Y también la puso.

El pitido final certificó algo más que tres puntos. El Almería suma cuatro victorias consecutivas y volvió a dejar su portería a cero. Después de ganar con autoridad sus últimos compromisos, ahora ha demostrado que también sabe sobrevivir en un campo exigente y ante un rival que había convertido Son Moix en una fortaleza. No necesitó dominar durante 90 minutos. No necesitó generar una catarata de ocasiones. Necesitó saber qué pedía el partido.Y eso hizo.

En horario de ‘Saber y Ganar’, el Almería supo y ganó. La cuarta consecutiva no tuvo nada de ordinaria: asaltó una casa que hasta ahora se había mostrado inexpugnable, venció a uno de los gallos de la categoría y volvió a marcharse con la portería intacta. El autobús oficial habla de estar “ardientes de gloria”. En Son Moix, el lema dejó de ser una frase. Se convirtió en fútbol.



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