Durante décadas, la brisa marina ha sido uno de los grandes aliados del verano almeriense. Ese viento que comienza a soplar desde el Mediterráneo durante las horas centrales del día no solo hace más llevaderas las altas temperaturas en la costa, sino que también ayuda a renovar el aire, dispersar contaminantes y aportar humedad hacia el interior. Sin embargo, un estudio científico internacional advierte de que este fenómeno natural se está debilitando de forma progresiva.
La investigación, publicada en la revista Scientific Reports y liderada por el Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), centro mixto del CSIC, la Universitat de València y la Generalitat Valenciana, analiza la evolución de la brisa marina en el Mediterráneo occidental durante cuatro décadas, entre 1981 y 2021. Para ello, los investigadores estudiaron los registros de 39 estaciones meteorológicas distribuidas por España, Francia, Italia y el norte de África.
Los resultados revelan una tendencia clara: en cerca del 90% de las estaciones analizadas la velocidad de la brisa marina ha disminuido de forma significativa. En el conjunto del estudio, la reducción alcanza un 11%, porcentaje que se eleva hasta el 12,7% durante los meses de verano, precisamente cuando este viento desempeña un papel más importante para aliviar el calor.
Almería, entre las zonas más afectadas
Entre las áreas donde este debilitamiento resulta más acusado figura la costa mediterránea española y, de forma destacada, la provincia de Almería. Dependiendo de la estación meteorológica analizada, la pérdida de intensidad de la brisa oscila entre el 17% y el 25%, situando al litoral almeriense entre los puntos donde el fenómeno presenta una mayor evolución negativa.
Este dato adquiere especial relevancia en una provincia acostumbrada a convivir con temperaturas muy elevadas durante el verano. La entrada diaria de aire marino contribuye a suavizar el ambiente en las zonas costeras, especialmente durante las tardes, cuando el contraste térmico entre la tierra recalentada y el mar genera este flujo de aire.
¿Qué es la brisa marina?
La brisa marina es un fenómeno meteorológico relativamente sencillo. Durante el día, la superficie terrestre se calienta mucho más rápido que el mar. El aire caliente asciende sobre la tierra y es sustituido por aire más fresco procedente del Mediterráneo, originando ese viento característico que refresca el litoral.
Paradójicamente, el estudio concluye que, aunque el Mediterráneo se está calentando a un ritmo superior al de la media mundial, este mecanismo natural está perdiendo intensidad. Los investigadores apuntan a que el aumento generalizado de las temperaturas, junto con cambios en la circulación atmosférica, está modificando las condiciones que favorecen la formación de estas brisas.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es la relación entre las olas de calor y el debilitamiento de la brisa marina. Los investigadores comprobaron que, durante estos episodios extremos, el viento costero pierde todavía más fuerza.
En la costa mediterránea española, la intensidad de la brisa disminuye aproximadamente un 4,8% adicional durante las olas de calor. Los autores relacionan este comportamiento con la mayor frecuencia de situaciones anticiclónicas persistentes y con la entrada de masas de aire cálido procedentes del norte de África, que estabilizan la atmósfera y dificultan la circulación habitual del aire.
Esta circunstancia genera un efecto preocupante: cuanto más intenso es el calor, menor es precisamente el viento que ayuda a mitigarlo.
Aunque para muchas personas la brisa marina solo supone un alivio frente al calor, su función es mucho más amplia. Este flujo de aire favorece la ventilación de las ciudades costeras, ayuda a dispersar contaminantes atmosféricos y transporta humedad hacia el interior, un proceso que puede contribuir a la formación de nubosidad y tormentas estivales.
Su debilitamiento podría traducirse en veranos con una mayor sensación de bochorno, menor renovación del aire en las zonas urbanas y una reducción del transporte de humedad hacia áreas interiores, lo que contribuiría a incrementar la aridez en una región especialmente vulnerable al cambio climático como es el Mediterráneo.
Los investigadores recuerdan que desde comienzos de la década de 1980 la temperatura del aire en esta región ha aumentado alrededor de 1,3 grados, mientras que la temperatura superficial del Mediterráneo se ha incrementado aproximadamente un grado. Estos cambios han convertido al Mediterráneo en uno de los principales «puntos calientes» del cambio climático a escala mundial.
Los autores del estudio consideran que estos resultados ponen de manifiesto la necesidad de incorporar esta nueva realidad a la planificación de las ciudades costeras. Aspectos como el diseño urbano, la gestión de los episodios de contaminación, la adaptación frente a las olas de calor o la protección de los espacios verdes deberán tener en cuenta que uno de los mecanismos naturales que históricamente ha contribuido a refrescar el litoral mediterráneo está perdiendo eficacia.
En una provincia como Almería, donde las altas temperaturas forman parte del verano y la influencia del mar resulta determinante para el confort térmico, comprender cómo evoluciona la brisa marina supone también anticiparse a los desafíos que plantea un clima cada vez más cálido.







