La naturaleza que Almería no ve: ramblas, desierto y paisajes áridos frente a la obsesión por el verde

Parque urbano en la Avenida del Mediterráneo de Almería
La provincia
Almería se encuentra ante una particular paradoja ambiental. La provincia y su capital poseen un paisaje marcado por la aridez, las ramblas, los terrenos desérticos y una vegetación especialmente adaptada a la escasez de agua, pero precisamente esas características pueden hacer que parte de la población no identifique esos espacios como naturaleza.

Esta es una de las principales conclusiones recogidas por un estudio de la Universidad de Almería sobre la percepción que tienen los habitantes de la ciudad acerca de la naturaleza urbana. La investigación, titulada “Where nature is not so green: Exploring perceptions of urban nature in a semi-arid city”, analiza cómo las personas interpretan los espacios naturales en una ciudad con unas condiciones ambientales muy diferentes de las de otras ciudades españolas.

Cuando naturaleza significa árboles, flores y césped

La investigación parte de una cuestión aparentemente sencilla: ¿qué entiende la ciudadanía por naturaleza? Para una parte de los participantes, la respuesta está asociada a una imagen clásica de espacios verdes: árboles, jardines, flores y zonas ajardinadas. Sin embargo, esa percepción entra en conflicto con la realidad ambiental de Almería, donde las condiciones de aridez determinan un paisaje en el que predominan especies capaces de sobrevivir con una disponibilidad de agua muy limitada.

El estudio analiza las respuestas de 205 personas encuestadas en diferentes puntos de Almería y establece tres grandes formas de entender la naturaleza urbana: la relacionada con el paisaje desértico y árido, la vinculada a una concepción estética y ornamental y aquella que pone el acento en los beneficios ecológicos que proporciona la naturaleza.

Los resultados muestran que 45 participantes se identificaron principalmente con una visión estética y ornamental de la naturaleza, mientras que 44 la relacionaron con sus beneficios ecológicos y 33 con los paisajes desérticos y áridos. Pero existe un dato especialmente significativo: 77 personas, el 37,5% de los participantes, no pudieron ser encuadradas claramente en ninguno de esos tres grupos.

El paisaje árido también es naturaleza

La investigación pone de manifiesto una cuestión especialmente relevante para Almería: la naturaleza no tiene por qué ser verde. Las ramblas, los terrenos áridos, los matorrales mediterráneos y las formaciones vegetales adaptadas a la sequía constituyen ecosistemas perfectamente naturales. Sin embargo, la imagen cultural que muchas personas tienen de la naturaleza suele estar relacionada con territorios húmedos, abundante vegetación y grandes masas arbóreas.

En un territorio con unas precipitaciones anuales en torno a los 200 milímetros, esa concepción puede generar una percepción distorsionada del territorio. Lo que en otros lugares podría interpretarse como un paisaje degradado o carente de vegetación puede ser, en realidad, una manifestación característica del ecosistema semiárido almeriense.

Uno de los resultados más llamativos del estudio aparece al analizar la relación entre la percepción de la cantidad de naturaleza existente y la forma de identificarla. Las personas que consideraban que Almería tiene poca naturaleza tendían a asociarla con mayor frecuencia a espacios verdes diseñados, como jardines, árboles situados en las calles o zonas ajardinadas. Al mismo tiempo, mostraban una menor tendencia a identificar los paisajes áridos como naturaleza.

El resultado plantea una paradoja: cuanto más se espera que la naturaleza tenga el aspecto de un jardín, más difícil resulta reconocer la naturaleza propia de Almería.

Los investigadores apuntan a que esta manera de entender el medio natural no surge únicamente de la experiencia directa con el territorio, sino que también está condicionada por factores culturales y educativos.

La naturaleza aparece habitualmente representada mediante imágenes de paisajes verdes, bosques, ríos y espacios con abundante agua. Los ecosistemas secos, por el contrario, tienen una presencia mucho menor en esa representación tradicional. Esta circunstancia puede influir en la forma en que la población interpreta su propio entorno.

En Almería, reconocer como naturaleza un paisaje aparentemente desnudo implica precisamente comprender que la ausencia de grandes masas de vegetación no significa ausencia de biodiversidad.

La naturaleza urbana también cumple funciones esenciales

El estudio plantea además que la naturaleza dentro de las ciudades no debe valorarse únicamente por su aspecto estético. Los espacios naturales urbanos pueden contribuir a conservar biodiversidad, regular las temperaturas, mejorar la calidad del aire y generar beneficios relacionados con el bienestar de la población.

Por ello, la investigación apunta hacia la necesidad de adaptar la planificación urbana a las características ambientales de cada territorio. En una ciudad semiárida como Almería, esto significa que la incorporación de naturaleza no tiene necesariamente que traducirse en reproducir modelos de ciudades más húmedas mediante grandes superficies de césped o vegetación que requiera un elevado consumo de agua.

La alternativa pasa por combinar especies autóctonas, valor paisajístico y funciones ecológicas, aprovechando las características propias del territorio.

Almería necesita reconocer su propio paisaje

La principal reflexión que deja el estudio va más allá de la cantidad de parques, jardines o zonas verdes existentes en la ciudad. La cuestión es también qué consideramos naturaleza.

Almería posee un paisaje singular precisamente por sus condiciones de aridez. Sus ramblas, terrenos semiáridos y comunidades vegetales adaptadas a la escasez de agua forman parte de su identidad ambiental. Reconocer ese patrimonio natural puede resultar fundamental para protegerlo y también para diseñar una ciudad más adaptada a su clima.

Porque el problema, como plantea la investigación, quizá no sea solamente que Almería tenga poca naturaleza, sino que una parte de la naturaleza que ya tiene no siempre es reconocida como tal.



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