Una investigación de la Universidad de Almería analiza el impacto de las visitas a la Mina de la Geoda de Pulpí

Geoda de Pulpí
La provincia
La Geoda de Pulpí, uno de los principales tesoros geológicos de la provincia de Almería, tiene un enemigo prácticamente invisible: el polvo que permanece suspendido en el aire y acaba depositándose sobre las superficies de la Mina Rica. Un equipo científico ha estudiado ahora este fenómeno para determinar hasta qué punto la actividad turística puede influir en las condiciones de conservación de la cavidad.

La investigación, desarrollada por científicos vinculados principalmente a la Universidad de Almería, ha analizado durante semanas el comportamiento de las partículas en diferentes puntos de la mina. El trabajo, publicado en el International Journal of Speleology, se centra especialmente en la relación entre la presencia de visitantes, la ventilación natural y la acumulación de partículas en el interior de la Geoda.

El estudio se realizó entre abril y julio de 2024, coincidiendo con un periodo en el que la Mina Rica recibía aproximadamente entre 200 y 250 visitantes diarios. Los investigadores instalaron trampas para recoger las partículas que iban depositándose y utilizaron además un contador óptico capaz de medir de forma continua las partículas suspendidas en el aire.

Las mediciones se prolongaron durante 14, 42 y 96 días, permitiendo comparar lo que ocurría en una zona próxima a la entrada con un punto situado a mayor profundidad.

Las partículas más pequeñas pueden llegar más lejos

Uno de los principales resultados del estudio es que no todas las partículas se comportan de la misma manera. Las de menor tamaño, especialmente las inferiores a cinco micras, permanecen suspendidas durante más tiempo y pueden avanzar hacia las zonas más profundas de la cavidad. Las partículas de mayor tamaño, por el contrario, tienden a depositarse rápidamente y se concentran fundamentalmente cerca de la entrada de la Geoda.

Los investigadores comprobaron que la concentración de partículas pequeñas podía alcanzar alrededor de 30.000 partículas por litro de aire en determinadas condiciones. En el caso de las partículas de entre cinco y diez micras se llegaron a registrar aproximadamente 2.000 por litro, mientras que las superiores a diez micras alcanzaron valores de unos 400 por litro.

El movimiento de los visitantes tiene un efecto apreciable sobre las partículas de mayor tamaño. El tránsito de personas puede levantar el polvo que se encuentra depositado en el suelo y otras superficies, provocando que vuelva temporalmente al aire.

De hecho, los investigadores observaron que la concentración de estas partículas aumentaba durante las horas de visita y disminuía cuando terminaba la actividad turística. Pero el estudio introduce un matiz importante: los visitantes no son la única fuente de polvo.

La propia mina genera buena parte del material

Los análisis realizados sobre las partículas muestran que buena parte del material tiene un origen autóctono. Entre los componentes identificados aparecen minerales propios del entorno de la Mina Rica, como yeso, cuarzo, celestina y siderita. Esto significa que una parte considerable del polvo procede de la propia cavidad y de los materiales existentes en la antigua explotación minera.

Junto a estos componentes aparecen también fibras no minerales procedentes del exterior, que los investigadores consideran compatibles con materiales introducidos por las personas que acceden a la mina. El estudio apunta a que sería necesario continuar investigando este aspecto para determinar sus posibles implicaciones sobre la conservación del ecosistema subterráneo.

La influencia de las visitas, por tanto, existe, pero debe interpretarse dentro de un sistema mucho más complejo en el que intervienen también la propia geología de la mina y las condiciones ambientales.

La ventilación juega un papel clave

Otro de los elementos fundamentales analizados es la ventilación natural de la Mina Rica. Los investigadores estudiaron variables como la temperatura y la concentración de radón para determinar cómo se renueva el aire de la cavidad. Sus resultados muestran que las condiciones de ventilación tienen una influencia directa sobre el comportamiento de las partículas.

Cuando el intercambio de aire con el exterior disminuye, las partículas finas pueden permanecer más tiempo suspendidas. En esas circunstancias, el movimiento provocado por los visitantes contribuye a aumentar su presencia y favorece su acumulación en el ambiente interior. Cuando la ventilación es mayor, el aire exterior, que presenta menores concentraciones de partículas, contribuye a renovar la atmósfera de la cavidad.

La investigación permite así entender que el impacto de una jornada de visitas no depende únicamente del número de personas que acceden a la mina. Las condiciones ambientales determinan también cuánto tiempo permanecen las partículas en suspensión y hasta dónde pueden desplazarse.

Un estudio para prevenir daños

El trabajo científico no concluye que las visitas estén provocando actualmente daños en los grandes cristales de yeso de la Geoda. Su objetivo es aportar información que permita mejorar las medidas de conservación preventiva de este espacio único.

La propia gestión de la Geoda ya contempla importantes restricciones. Los visitantes no pueden entrar en el interior de la cavidad donde se encuentra la gran formación cristalina, sino que la contemplan desde el acceso preparado para ello. Además, está prohibido tocar, golpear o arañar los cristales y la visita se realiza siguiendo las instrucciones del personal responsable.

Los grupos también están limitados por motivos de conservación y calidad de la visita. La información oficial de la Diputación de Almería establece grupos de hasta 14 personas, mientras que los grupos concertados pueden alcanzar las 15.

La investigación plantea, además, que determinadas modificaciones en los recorridos y protocolos de acceso podrían reducir la resuspensión de partículas. Los autores consideran que disponer de plataformas adecuadas en determinadas zonas o estudiar sistemas de protección en los accesos podría contribuir a reducir el material que termina desplazándose hacia el interior.

El polvo invisible que ayuda a proteger la Geoda

La importancia de la investigación está precisamente en analizar un fenómeno que no puede apreciarse durante una visita convencional. El turista contempla los enormes cristales de yeso, pero no puede ver las miles de partículas que circulan por el aire de la cavidad.

Ahora, los investigadores han podido determinar cómo se comportan esas partículas, qué parte procede de los minerales de la propia mina, cuál puede estar relacionada con la actividad humana y cómo la ventilación condiciona su distribución.

La Geoda de Pulpí, incluida en la Lista Indicativa de España para su posible candidatura a Patrimonio Mundial de la UNESCO, se enfrenta así a un reto de conservación que va mucho más allá de impedir que los visitantes toquen sus cristales.

La ciencia empieza a poner el foco también en ese mundo microscópico que rodea a la formación geológica: el aire, el polvo y las partículas que entran, se levantan, permanecen suspendidas y finalmente se depositan sobre las superficies de una de las cavidades más singulares de Almería.

El objetivo último es claro: conocer hoy lo que ocurre en el interior de la Geoda para poder garantizar que sus gigantescos cristales de yeso puedan seguir conservándose durante generaciones.



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