Todavía nos falta medio agosto, pero ya tenemos ganador, sin ninguna duda. Subirse a una monumento natural emblemático, como la Duna fósil de Los Escullos para hacerse una fotografía no es una simple ocurrencia: esta prohibido, es sancionable y puede causar daños graves e irreversibles a un espacio natural extremadamente frágil.
Cabo de Gata no es un escenario para hacer cualquier cosa por conseguir una fotografía llamativa. Sus roquedos, dunas, acantilados y demás formaciones naturales forman parte del patrimonio que justifica su protección. Estas conductas pueden provocar erosión, deterioro de las formaciones geológicas y daños sobre la vegetación y los hábitats, especialmente cuando se repiten durante miles de visitas. Además, algunas de ellas pueden comportar multas y otras responsabilidades administrativas, cuya gravedad depende de la conducta y del daño producido.
Y existe otro problema evidente: el riesgo para la propia persona. Una caída o un desprendimiento puede provocar lesiones graves y obligar a movilizar a los servicios de emergencia.
Disfrutar del Parque Natural es compatible con hacerlo de forma responsable. Una fotografía dura unos segundos; el daño sobre un espacio natural puede durar décadas o incluso ser algo irreversible.







