Las normas que regulan el fondeo de embarcaciones en las playas del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar existen para garantizar la seguridad de los bañistas y proteger un espacio natural especialmente sensible. Sin embargo, la realidad que se vive cada verano en enclaves como Genoveses demuestra que, en demasiadas ocasiones, esas normas no se cumplen y, lo que resulta más preocupante, tampoco se hacen cumplir.
Las imágenes tomadas estos días muestran embarcaciones fondeadas a escasos metros de la orilla, algunas prácticamente dentro de la zona utilizada por los bañistas. En determinados casos, las embarcaciones permanecen donde el agua apenas cubre por debajo de la rodilla, con el ancla depositada sobre el fondo y sin apenas separación respecto a quienes disfrutan del baño.
La normativa establece que las embarcaciones deben permanecer fuera de la zona balizada de baño, que con carácter general se extiende hasta 200 metros de la costa en las playas y 50 metros en las zonas acantiladas. Estas limitaciones no responden a un mero formalismo administrativo, sino a criterios de seguridad destinados a evitar accidentes entre embarcaciones y bañistas.
Las fotografías aportadas por los vecinos reflejan además un aparente contraste entre la regulación del fondeadero y la situación real. Mientras el plano de ordenación delimita claramente las zonas habilitadas y las áreas donde el fondeo no está permitido, en la práctica pueden observarse embarcaciones muy próximas a la línea de costa, lo que genera dudas sobre el grado de vigilancia y control existente.

Más allá del cumplimiento estricto de la norma, existe una cuestión de sentido común. Mantener una distancia razonable respecto a la playa permitiría compatibilizar el disfrute del mar por parte de navegantes y bañistas. Bastaría con evitar fondear a escasos metros de la arena para reducir de forma significativa el riesgo de incidentes y mejorar la convivencia entre ambos usos.
La falta de control también transmite un mensaje equivocado: que las limitaciones solo existen sobre el papel. Cuando una infracción se repite diariamente sin consecuencias aparentes, acaba convirtiéndose en una práctica habitual que otros usuarios imitan, dificultando aún más la gestión de un espacio tan frágil como el Parque Natural.
Las administraciones competentes, tanto las responsables de la seguridad marítima como de la gestión del litoral y del espacio protegido, deberían reforzar la vigilancia durante los meses de mayor afluencia. No se trata únicamente de sancionar, sino de prevenir situaciones de riesgo, informar a los patrones de las embarcaciones y garantizar que las zonas de baño permanezcan libres de obstáculos.
El incremento del turismo náutico hace cada vez más necesaria una gestión eficaz del fondeo en Cabo de Gata. Compatibilizar el uso recreativo del mar con la seguridad de los bañistas y la conservación del entorno exige que las normas se apliquen de forma efectiva. De lo contrario, la protección del litoral quedará reducida a un plano y unas señales que muchos usuarios, a la vista de lo que ocurre cada día, parecen considerar meramente orientativos.







