Animales libres contra el fuego

Rewilding_o_resilvestracion.
Opinión
El autor de este artículo de opinión

Por Jaym*/Jaime del Val y Rosa Mas Rebeldes Indignadas

La respuesta real a los incendios devastadores es resilvestrar la biosfera y acabar con el antropocentrismo, replanteando en lo más profundo el paradigma que subyace a la actual gestión, basada en la perpetuación de sistemas de explotación.

Almería, Guadalajara, Ávila, Madrid, Castellón, julio de 2026. Ante incendios devastadores, clasificados como “más allá de la capacidad de extinción”, que, a pesar de estar arrasando decenas de miles de hectáreas, son un anticipo suave de lo que está por venir, inunda de nuevo los medios la denuncia de la inacción de las administraciones en la prevención de incendios, cuyo foco supuestamente debería ser “limpiar el monte” de la biomasa acumulada por décadas de “abandono rural” y el retorno de la ganadería extensiva (que nunca se ha ido)) como respuestas principales.

Estas presuntas soluciones,  postuladas como medidas estrella frente a la dejadez de las administraciones, se tejen sobre una maraña de bulos, tradiciones problemáticas y concepciones erróneas y profundamente antropocéntricas, cuyos sesgos nos disponemos a corregir aquí.

Por un lado, ya hemos manifestado en otros escritos el despropósito que supone reivindicar la ganadería extensiva como solución a los fuegos cuando está demostrado que es la principal causa de incendios y además, es una de las industrias que más contribuyen a la actual crisis climático-ecológica  (la explotación  extensiva mucho más que la intensiva).

Esto vuelve a ser trágicamente el caso en el actual incendio ya reconocido como más grande de la historia del Estado Español, el iniciado en Burgohondo en Ávila el viernes 24 de julio, que ha arrasado en dos días los valles y reservas naturales del Tiétar e Iruelas enteros y más 50.000 hectáreas, causado por una máquina pesada usada ilegalmente por un operario de una empresa contratada por la asociación de ganaderos de extensivo de Burgohondo para abrir los senderos de la trashumancia en lo alto de la sierra: los ganaderos locales de extensiva detrás del incendio más devastador, un nuevo signo de su impunidad y prácticas nefastas, que no son un hecho aislado sino algo sistémico y que no se puede seguir ocultando. Tenemos pues, de entrada, el absurdo de proponer la causa como solución.

Ello responde a presiones del lobby ganadero que, como ya hemos expuesto en otro lugar , permean totalmente el ecologismo, el decrecentismo, los medios, el gobierno, y la sociedad, romantizando la explotación, y eludiendo cualquier referencia al dilema ético que supone explotar a individuos de cuyas capacidades sensitivas, cognitivas y sociales no queda duda alguna.

Igualmente es problemático el concepto de “limpiar el monte”, que implica una gran ignorancia  sobre lo que son los ecosistemas y el papel que el monte bajo desempeña como clave del funcionamiento e integridad de la biodiversidad. Un bosque no es un conjunto de árboles, sino un complejo ecosistema constituido por una gran variedad de especies vegetales y animales  relacionadas entre sí: el dosel, o estrato arbóreo y las formaciones de matorral, sotobosque o estrato arbustivo, conforman el hogar de numerosas especies animales.

El problema de fondo es que durante siglos y milenios se han creado ecosistemas homogéneos y empobrecidos por prácticas ganaderas, agrícolas, madereras y urbanizadoras ecofascistas que han destruido la biodiversidad y la integridad de los ecosistemas, haciéndolos muchos más vulnerables y al mismo tiempo, sometiéndolos a presiones humanas mediante fuegos provocados de forma accidental o intencional. Del mismo modo, se ignora el papel que los herbívoros libres han tenido prehistóricamente en los ecosistemas.

Los animales que habitan los espacios forestales son las primeras víctimas de los incendios  (pues mueren calcinados o pierden su hogar) pero, paradójicamente, son ellos los verdaderos gestores del territorio, particularmente los individuos de mayor tamaño como ciervos, corzos, muflones, gamos, arruíes o jabalíes, que abren senderos y claros entre la floresta, controlando el sotobosque y dispersando semillas. En un ecosistema saludable, la presencia de lobos, osos, águilas o mangostas provoca el movimiento constante de los grupos de herbívoros, favoreciendo la buena salud de toda la comunidad forestal. Sin embargo,  cuando conviene, jabalíes, corzos o muflones son clasificados como una plaga y se justifica matarlos a tiros. Entonces, de pronto, parece que se evaporan, no hay animales en el bosque y de ahí la falsa necesidad del «ganado bombero», para continuar en la rueda de la explotación sin fin ignorando tanto la ética como la realidad de los ecosistemas. Urge, de entrada, defender a los animales salvajes y libres que aún quedan.

El Rewilding como respuesta

La principal solución preventiva a los incendios, además de respetar y mejorar las condiciones de vida de la comunidad animal salvaje ya existente, es el rewilding: la resilvestración o renaturalización de los ecosistemas, protegiendo las comunidades animales existentes, reintroduciendo herbívoros libres, prohibiendo la caza  y restaurando la biodiversidad y la integridad de los ecosistemas de forma masiva, a la par que se extrae de ellos la presencia y presión humana nocivas y ubicuas, y su relación con fuegos accidentales o intencionados, que son la casi totalidad de incendios de la actualidad. A su vez, es la única forma realista de frenar el colapso climático y de adaptarse a sus efectos ya irreversibles.

Según el estudio de Navarro-Rosales et al 2025 hay al menos 62 estudios que presentan el rewilding “como una estrategia prometedora para la mitigación de incendios forestales, capaz de lograr beneficios para la conservación al tiempo que minimiza y mitiga las consecuencias negativas del fuego de una manera más natural y rentable (Pereira y Navarro, 2015; Serrano-Montes et al., 2017; Johnson et al., 2018).

No obstante, organizaciones como Rewilding Europe o Rewilding Spain promueven iniciativas que, en algunos casos, apuestan por reintroducir herbívoros libres mientras otras reinciden de forma muy contradictoria en la ganadería extensiva y el pastoreo, manifestando sesgos atropocéntricos y especistas  y perpetuando el uso de los demás animales. El Rewilding ha de depurarse de cualquier actitud supremacista y apostar por una renaturalización real que no reproduzca los modos de explotación antropocéntricos subyacentes al mismo problema que se intenta resolver, sino que, por el contrario, respete el derecho de todo animal a no ser considerado como un recurso y a desarrollarse plenamente como individuo y como integrante de su comunidad.

Es esencial, además de una masiva acción educativa y concienciadora, y de lucha contra la desinformación, la puesta en marcha de ayudas económicas masivas que ayuden a las personas implicadas a abandonar usos destructivos de la tierra, los ecosistemas y las formas de vida, subvencionando la recuperación de suelos para resilvestración y justicia climática, y acompañando a estas industrias en su transición a modelos respetuosos con el total de lo viviente.

La solución no es volver al campo, sino liberarlo.

En un horizonte más amplio, el cambio de paradigma del rewilding debería ir de la mano de un abordaje en 3D y VegAnarQueer a la crisis de extinción: dietas libres de explotación animal, decrecimiento profundo y demografía.

En consecuencia, la respuesta ha de ser: (1) la resilvestración mediada por herbívoros libres; (2) el desmontaje de bulos y negacionismo, y del supremacismo humano que lo sustenta, mediante una educación y concienciación radicales y (3) la lucha real contra el colapso climático-ecológico combatiendo el silenciamiento de su causa estructural más profunda: la industria alimentaria de explotación animal, principal causa de superación de limites planetarios, promoviendo una transición a dietas vegetales, que la divulgación científica silencia.

Hacemos, por lo tanto, un llamamiento a las colectivas y personas a unirse a la Alianza de Futuros Vivibles.



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