El pasado jueves 26 de marzo, el Ayuntamiento de Carboneras celebró una sesión plenaria en la que se presentó, a propuesta del PSOE, una moción que no fue admitida a trámite, defendiendo el rechazo a la instalación de una central de fusión nuclear en el municipio. La noticia puede resultar impactante, ya que las palabras CENTRAL NUCLEAR suenan a algo muy grande y con mucha repercusión. Sin embargo, las palabras FUSIÓN NUCLEAR todavía suenan un poco a ciencia ficción, ya que es una tecnología que aún se encuentra en periodo experimental y -a día de hoy- no es posible construir una central eléctrica de este tipo.
Hasta hoy, todas las centrales nucleares construidas en el mundo son de fisión (no de fusión) nuclear y esas son las que generan un importante rechazo social y han provocado importantes situaciones de riesgo.
Dicho esto, resulta curioso que un pueblo como Carboneras haya tratado un tema de transcendencia mundial y por ahora más cerca de los laboratorios y de la experimentación científica, que de la realidad tecnológica a nivel comercial. Sin embargo, puede servir de excusa para intentar acercar a la población en general a un tema que puede acabar para siempre con los problemas de generación energética y de contaminación ambiental a nivel mundial.
La liebre ha saltado por la publicación del primer estudio exhaustivo de Europa sobre potenciales emplazamientos para centrales de fusión, que incluye 900 posibles ubicaciones en 9 países europeos, entre ellos España. Este estudio se realizó entre los años 2024 y 2025 por la Universidad Técnica de Múnich (TUM), tras el encargo de la empresa Gauss Fusion, y se publicó en octubre de 2025.
Son muchos los que lo están intentando
Hasta 24 corporaciones intentan ser las primeras en construir este tipo de centrales. Los países implicados en estos proyectos, de forma individual o colectiva, son: Alemania, Australia, Bélgica, Canadá, China, Corea del Sur, España, Estados Unidos, Francia, India, Italia, Japón, Países Bajos, Reino Unido, Rusia, Suecia y Suiza.
La enumeración de todos estos países y la ingente financiación que aportan demuestra la importancia que puede alcanzar este tipo de tecnología. El horizonte anunciado para ello abarca desde 2030 a 2045, por lo tanto es muy razonable que las poblaciones que pudieran verse afectadas por este tipo de centrales comiencen a preocuparse por saber qué ventajas e inconvenientes pueden aportar a sus territorios antes de decantarse a favor o en contra de las mismas.
Y, dado el desconocimiento que todavía existe sobre sus posibles repercusiones, parece un poco prematuro posicionarse hoy al respecto. Y eso no significa que no se debe estar muy atentos.









