Cortes de luz en la provincia de Almería: un problema que exige algo más que reparar averías

Rodalquilar 4
Opinión
El autor de este artículo de opinión

Felipe Moreno Lorente, ingeniero

Los reiterados cortes de suministro eléctrico registrados en distintos puntos de la provincia de Almería han dejado de ser percibidos por los almerienses como incidencias aisladas. La sucesión de interrupciones en barrios de la capital, municipios del interior y núcleos del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar apunta a una combinación de factores relacionados con el estado y capacidad de determinadas redes, el crecimiento de la demanda y la necesidad de acelerar las inversiones.

Los cortes de luz se han convertido en uno de los problemas de servicios básicos que más preocupación generan en distintos puntos de la provincia de Almería. Aunque las causas concretas no son idénticas en todos los municipios y cada incidencia debe analizarse individualmente, la reiteración de los apagones plantea una cuestión de fondo: ¿está la infraestructura eléctrica preparada para responder a las necesidades actuales de la provincia?

La pregunta adquiere especial relevancia durante el verano. Las altas temperaturas incrementan el consumo eléctrico por el uso de sistemas de refrigeración y climatización y pueden poner a prueba determinadas infraestructuras. En la capital, precisamente durante una ola de calor, el Ayuntamiento denunció en junio los reiterados cortes que estaban afectando a diferentes barrios y advirtió de que la situación se estaba repitiendo año tras año. Pero el problema no se limita a Almería capital.

Un problema que también afecta a los municipios rurales y costeros

Uno de los ejemplos más significativos se encuentra en Níjar y, particularmente, en distintos núcleos del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar.

Durante los primeros meses de 2026, vecinos de localidades como Rodalquilar, Las Negras, Agua Amarga, La Isleta del Moro o San José denunciaron interrupciones frecuentes, algunas de ellas prolongadas durante horas. La situación llegó a provocar movilizaciones vecinales y una recogida de firmas para reclamar soluciones.

La respuesta empresarial ha incluido actuaciones sobre la red. Endesa anunció en marzo el refuerzo de más de 12 kilómetros de una línea aérea de media tensión entre Llano del Nazareno y Loma de los Callejones, precisamente con el objetivo de mejorar el suministro en el término municipal de Níjar y reducir las interrupciones.

Este caso resulta especialmente ilustrativo porque demuestra que no existe una única causa provincial de los apagones. En determinadas zonas rurales y dispersas, la longitud de las líneas, la configuración de la red y la necesidad de disponer de alternativas ante una avería pueden influir decisivamente en la calidad del suministro.

No toda la red eléctrica es igual

Para entender el problema es importante diferenciar entre la red de transporte y la red de distribución. La red de transporte, gestionada por Red Eléctrica, mueve la electricidad a grandes distancias y conecta las principales infraestructuras del sistema. La distribución es la que finalmente lleva la electricidad hasta hogares, comercios, industrias y otros usuarios.

Un refuerzo de la red de transporte puede ser fundamental para aumentar la capacidad y seguridad del sistema, pero no significa automáticamente que desaparezcan los problemas de una línea de distribución concreta.

En Almería se han producido inversiones en ambas escalas. Red Eléctrica finalizó en 2025 la ampliación de la subestación de Benahadux, una actuación destinada, entre otras cosas, a reforzar la calidad del suministro de la zona y apoyar el aumento de la demanda de Granada y Almería.

También se ha desarrollado la infraestructura eléctrica asociada al crecimiento ferroviario. En el Levante almeriense, Red Eléctrica ha señalado la construcción de una nueva subestación en Antas como una actuación destinada a reforzar la calidad y seguridad del suministro y a contribuir a superar el déficit histórico de infraestructuras eléctricas de esa zona.

El verano pone a prueba las infraestructuras

Las temperaturas extremas constituyen otro elemento que no debería ignorarse. En situaciones de calor intenso aumenta la utilización simultánea de aparatos de aire acondicionado, ventiladores y sistemas de refrigeración. Esto eleva la demanda y hace especialmente importante que transformadores, líneas y centros de transformación tengan capacidad suficiente y se encuentren correctamente mantenidos.

La propia Endesa ha anunciado para este verano un incremento de sus actuaciones de inspección, mantenimiento preventivo y control de la vegetación en torno a las líneas, además del uso de drones, inteligencia artificial y sistemas de monitorización en tiempo real. La compañía ha presupuestado 105 millones de euros para estas actuaciones en el conjunto de su ámbito de distribución.

Pero el mantenimiento preventivo es solo una parte de la solución. Cuando existen zonas en las que la red presenta una capacidad insuficiente o una configuración especialmente vulnerable, hay que reforzar o renovar las infraestructuras.

El problema de fondo: capacidad, mantenimiento y resiliencia

En la provincia confluyen varias circunstancias que hacen especialmente importante disponer de una red robusta.

Por un lado, Almería ha experimentado un importante crecimiento de la actividad residencial, agrícola, turística e industrial en determinadas zonas. Por otro, la provincia presenta grandes diferencias territoriales: desde la concentración urbana del área metropolitana hasta núcleos rurales y costeros muy dispersos.

A ello se suma la expansión de la electrificación. La sustitución progresiva de combustibles fósiles por electricidad en climatización, movilidad, industria o determinados procesos agrícolas implica que la demanda eléctrica puede aumentar en los próximos años.

Existe además otra paradoja: Almería es una provincia con un enorme potencial de generación renovable, pero producir más electricidad no equivale por sí mismo a disponer de una red de distribución capaz de garantizar un suministro estable en todos los puntos del territorio.

La propia Red Eléctrica ha identificado la necesidad de continuar reforzando las redes para acompañar la transición energética y mejorar la resiliencia del sistema. El Gobierno aprobó en julio de 2026 una nueva modificación de la planificación eléctrica con 615 millones de euros de inversión orientados, entre otros objetivos, a aumentar la resiliencia del sistema y mejorar su funcionamiento.

Los cortes también tienen una dimensión social

Un apagón de unos minutos no tiene las mismas consecuencias que una interrupción de varias horas. Para una familia puede significar perder alimentos o sufrir daños en aparatos electrónicos. Para una persona mayor que vive sola, especialmente durante una ola de calor, puede convertirse en un problema de salud. Para una persona que depende de determinados equipos eléctricos puede tener consecuencias todavía más graves.

Y en una provincia turística como Almería, un suministro deficiente afecta también a la actividad económica. Restaurantes, alojamientos, comercios y empresas necesitan electricidad para desarrollar su actividad con normalidad.

En los espacios rurales y naturales, además, los cortes pueden coincidir con dificultades adicionales de comunicación y cobertura telefónica, aumentando la sensación de aislamiento.

¿Qué alternativas existen?

La solución no puede limitarse a esperar a que se produzca una avería y enviar posteriormente un equipo técnico. Es necesario actuar en varios niveles.

La primera alternativa es invertir en mantenimiento preventivo. La detección anticipada de puntos débiles, la renovación de elementos envejecidos, el control de la vegetación y la monitorización de la red pueden evitar averías y reducir el tiempo de respuesta.

La segunda es reforzar las redes más vulnerables. Allí donde una única línea alimenta a varios núcleos y una avería provoca interrupciones generalizadas, resulta necesario estudiar líneas alternativas, nuevos centros de transformación, conexiones redundantes y mejoras de las líneas existentes. El caso de Cabo de Gata-Níjar muestra precisamente la importancia de actuar sobre la red de media tensión y no limitarse a reparar las averías una vez producidas.

La tercera es mejorar la red de transporte y las subestaciones. Las infraestructuras de transporte son fundamentales para aumentar la capacidad y seguridad del sistema y para integrar nueva generación renovable y nueva demanda.

La cuarta es impulsar el almacenamiento energético. Baterías y otras tecnologías de almacenamiento pueden contribuir a mejorar la gestión del sistema, aunque no sustituyen a una red de distribución adecuada.

La quinta es avanzar en redes inteligentes. La digitalización, los sensores y la monitorización en tiempo real pueden permitir detectar automáticamente determinadas anomalías, localizar averías con mayor rapidez y gestionar mejor la demanda.

La sexta es reforzar la coordinación institucional. Ayuntamientos, Junta de Andalucía, distribuidoras y Red Eléctrica deben disponer de canales de coordinación eficaces para identificar los puntos críticos y establecer calendarios concretos de actuación.

También es necesario medir el problema

Hay un aspecto menos visible, pero fundamental: saber exactamente dónde, cuánto y por qué se producen los cortes.

La legislación eléctrica establece indicadores para medir la continuidad del suministro, entre ellos el TIEPI y el NIEPI, relacionados respectivamente con el tiempo y el número de interrupciones. Además, las empresas distribuidoras deben elaborar información anual desagregada por provincias, zonas y municipios y diferenciar entre interrupciones programadas, imprevistas, causas de terceros, fuerza mayor y problemas propios de la distribución. Esto debería permitir abandonar las percepciones generales y realizar un mapa provincial de las zonas con peor calidad de suministro.

Con esos datos, las administraciones podrían establecer prioridades: qué municipios sufren más cortes, qué líneas concentran las incidencias, cuáles son las causas y qué inversiones son necesarias en cada caso.

Una prioridad para una provincia que quiere seguir creciendo

El problema de los cortes de luz no debería analizarse únicamente como una cuestión de comodidad doméstica. La electricidad es una infraestructura básica y su disponibilidad, continuidad y calidad forman parte de las condiciones necesarias para garantizar la calidad de vida, la actividad económica y la cohesión territorial.

Almería necesita una red eléctrica preparada para su presente y, sobre todo, para su futuro: más población en determinados territorios, mayor electrificación, crecimiento industrial y agrícola, expansión turística y una generación renovable que seguirá aumentando.

Por eso, la solución pasa por mantenimiento, renovación, refuerzo de las redes de distribución, nuevas infraestructuras de transporte, digitalización, almacenamiento y planificación a largo plazo.

Los compromisos ya anunciados por Endesa en la capital y en Níjar son pasos concretos, pero será necesario comprobar su ejecución y sus resultados. En Almería no debería normalizarse que un barrio, una pedanía o un pueblo pueda quedarse repetidamente sin luz.

Porque un suministro eléctrico estable no es un lujo. Es un servicio esencial y una infraestructura básica para garantizar la igualdad de oportunidades entre quienes viven en la capital, en las áreas metropolitanas, en el interior o en los pequeños núcleos del litoral almeriense.



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