“…bares, que lugares tan gratos para conversar, no hay como el calor del amor en un bar; jefe, no se queje y ponga otra copita más, no hay como el calor del amor en un bar…”. No ha debido pasar desapercibido el himno por excelencia de Gabinete Caligari al equipo de Gobierno de la Diputación de Almería. Dispuesta la Corporación provincial a seguir las recomendaciones del grupo de rock más representativo de la movida madrileña y ampliar la red de tabernas/tienda en la provincia, al menos en cada uno de “los 103 pueblos” -hasta el número tiene sabor cantinero- en palabras de su presidente, el popular Javier Aureliano García.
Una formula, según la Diputación almeriense, para intentar atajar el fenómeno de la despoblación, que acaba de tener al municipio almeriense de Benitagla (59 vecinos) como primer beneficiario de la fórmula. Un bar tienda como punto de reunión de todos los residentes, un aliciente para “atraer visitantes y también para crecer en población”, según aseguró el alcalde de la localidad, Juan Padilla, en el acto de inauguración.
En efecto, el municipio cuenta ya con dos nuevos vecinos, la pareja encargada de la gestión del establecimiento, aunque la procreación deseada por el primer edil se antoja difícil ante la edad de los moradores. Un local del que tan sólo los inquilinos tienen que pagar la luz, aunque luego se vean obligados a desplazarse hasta la capital para comprar los suministros necesarios para el negocio, ante la dificultad de los camiones de reparto de acudir hasta Benitagla para el normal abastecimiento del comercio.
La despoblación en España es un fenómeno que se intensificó en el siglo XXI y que afecta a gran parte del territorio de Estado, incluida Andalucía. Según datos oficiales de La Moncloa, de los 8.131 municipios, 6.232 perdieron población en la última década, es decir que se ven afectados 3 de cada cuatro partidos cabecera en el país. Ante esta situación, las Corporaciones de algunos pueblos de España decidieron, como la Diputación de Almería, ofrecer variopintos incentivos a los ciudadanos que quieran emigrar hasta sus respectivas poblaciones.
Los ejemplos son diversos, y así en Rubiá ofrecen entre 100 y 150 euros a cada persona que decida mudarse hasta esta localidad orensana. En A Xesta (Pontevedra) se alquilan viviendas a partir de 100 euros; en el caso de Olmeda de la Cuesta (Cuenca), el Ayuntamiento subasta terrenos entre 200 y 3.000 euros para que puedan construir una vivienda los ciudadanos que decidan trasladarse. Y en Griegos (Teruel), 3 meses de alquiler gratis, 225 euros al mes, además de 50 euros por cada hijo en edad escolar.
Sin embargo, en este revoltijo de propuestas se echan en falta proyectos que realmente aporten soluciones para superar los desafíos en despoblación que tiene el medio rural en este país. Iniciativas contrastadas que mejoren los rendimientos de la agricultura y ganadería con el fin de optimizar su proceso productivo, que establezcan espacios de teletrabajo en los pueblos para particulares y empresas, de desarrollo del turismo rural, o de conseguir una mayor visibilidad de estos pueblos y sus comercios locales.
Bienvenido el interés con el que algunas Corporaciones descubren que hay vida fuera de las capitales, mas ójala que en este debate las ocurrencias puntuales de sus gobiernos no tapen la discusión sobre medidas concretas y efectivas. El objetivo no debería estar en atraer o atar a la gente a su territorio en torno a una barra de bar, sino que tenga verdaderas oportunidades para decidir si se queda o se marcha.








