El cambrón, también conocido como espina santa, es uno de esos arbustos discretos pero profundamente ligados al paisaje y a la historia cotidiana del Cabo de Gata. Crece en ramblas, laderas pedregosas, bordes de caminos y terrenos muy secos, formando parte del mosaico vegetal que define el carácter árido y luminoso del parque natural. Su nombre científico es Ziziphus lotus (aunque hay otras opiniones al respecto) y pertenece a un grupo de plantas perfectamente adaptadas a la escasez de agua, capaces de sobrevivir allí donde muchas otras especies no podrían hacerlo.
Se presenta como un arbusto denso, de ramas retorcidas y llenas de espinas fuertes, que puede alcanzar varios metros de altura. Sus hojas son pequeñas, duras y de color verde intenso, diseñadas para reducir la evaporación, mientras que sus raíces profundas buscan la humedad en las capas inferiores del suelo. En primavera aparecen pequeñas flores amarillentas, discretas pero abundantes, y hacia finales del verano produce unos frutos redondeados, primero verdes y después pardos, parecidos a pequeñas aceitunas.
Más allá de su apariencia, el cambrón desempeña un papel ecológico fundamental en el Cabo de Gata. Sus raíces ayudan a fijar el terreno y a frenar la erosión, especialmente importante en un territorio castigado por la falta de lluvias. Además, sus ramas espinosas sirven de refugio seguro para numerosas especies de aves pequeñas, reptiles y micromamíferos, que encuentran entre sus marañas protección frente a depredadores y al calor extremo. Sus flores aportan alimento a insectos polinizadores, y sus frutos forman parte de la dieta de algunos animales silvestres.
La espina santa en la medicina popular
Durante generaciones, los habitantes del Cabo de Gata han conocido bien esta planta y han sabido aprovecharla con ingenio. En la medicina popular se empleaban decocciones de su raíz o de la corteza como remedio para problemas digestivos, como depurativo o laxante suave. Aunque hoy estos usos han quedado en el ámbito de la tradición, forman parte del patrimonio cultural transmitido de padres a hijos. También fue una leña muy apreciada, ya que su madera es especialmente dura y produce un fuego duradero, ideal para hornos de pan, cocinas antiguas y braseros. Los mayores recuerdan que con unos pocos palos de cambrón se podía mantener el calor durante toda la noche. En épocas de gran escasez, incluso se cortaban ramas para alimentar al ganado, tras retirar en lo posible las espinas.
El nombre de espina santa procede de una antigua leyenda cristiana que afirma que con las espinas de esta planta se confeccionó la corona colocada a Jesucristo durante la crucifixión. Esta creencia otorgó al cambrón un cierto carácter simbólico, lo que hizo que en algunos lugares se respetaran especialmente los ejemplares más grandes, evitando arrancarlos salvo por una necesidad justificada.
El cambrón es, en definitiva, una de esas plantas que explican el espíritu del Cabo de Gata: humilde, resistente y silenciosa, pero imprescindible. No es una especie llamativa ni espectacular, pero sostiene el suelo, da cobijo a la fauna y forma parte de la memoria colectiva del territorio. Aprender a reconocerla y valorar su presencia es también una forma de entender mejor el paisaje y la forma de vida que ha nacido y se ha mantenido en uno de los entornos más singulares del Mediterráneo.









