A quien corresponda: Por medio de la presente, quiero expresar mi profunda preocupación y malestar ante la ineptitud y pasividad de las autoridades frente a la situación que estamos viviendo. Las circunstancias me han obligado a activarme, no por gusto, sino por necesidad. No me importa lo que digan ni lo que piensen: lo que me importa es actuar, porque quedarse de brazos cruzados es ser cómplice del abandono. Espero que este mensaje sirva como un primer paso hacia la visibilización de lo que está ocurriendo. No busco protagonismo, solo justicia y responsabilidad
Lo que está ocurriendo con el Parque de la Molina en San José no es otra cosa que un saqueo sistemático disfrazado de gestión. Las podas, los feriantes, el abandono antes, durante y después de la feria… todo forma parte de un proceso de destrucción deliberada.
Semana tras semana, el parque se desangra mientras los responsables miran hacia otro lado, esperando que el deterioro justifique una inversión millonaria en su “recuperación”, que no será más que otro parche mal hecho, otra excusa para empeorar lo que ya está mal. Es una estrategia ruin: dejar que se pudra para luego lucrarse con su supuesta restauración. Y mientras tanto, el parque, que debería ser un espacio público digno, se convierte en un vertedero de intereses y negligencia.
El parque se ha ido deteriorando año tras año tras las fiestas y sus feriantes campan a su criterio con los camiones que destrozan cuando salen los caminos la pista para correr sin que las autoridades actúen. Durante la pandemia se retiraron las máquinas de ejercicio y nunca se repusieron.
La responsabilidad no es de la policía, sino de quienes gestionan estos espacios y de nosotros, los vecinos, por tolerarlo en silencio. Desde el COVID, algo se apagó. La gente pasa de todo, como si el mundo ya no doliera. Guerras en Europa, genocidios en Gaza, potencias que aplastan sin pudor. Y nosotros, mirando. La economía manda, los derechos se diluyen, y la pasividad se normaliza. Así nos va.








