Que en nuestros pueblos, El Pozo de los Frailes y San José, la población se multiplica por diez en los días festivos de Semana Santa es sabido por el vecindario, las administraciones y Endesa, que sigue privándonos de un servicio de calidad y eficiente, y de unas instalaciones que garanticen el suministro.
Este año no ha sido una excepción y se han sucedido los cortes en los días de mayor afluencia de visitantes. El viernes vino el primer apagón a la una de la tarde en el Pozo de los Frailes, cuando los fogones de las casas y de los restaurantes se afanaban preparando la comida sin energía eléctrica, que duró hasta las dos de la tarde.
El sábado llegó el segundo apagón, esta vez en San José, a las nueve de la noche, que pasó más desapercibido al irse una fase de las dos que al parecer nos iluminan y que afectó a viviendas, alojamientos y establecimientos hasta las tres de la mañana.
Es difícil explicar a usuarios y visitantes que en una casa haya luz y en la de al lado no, que en una parte de un hotel haya luz y en otra no, que mientras un restaurante hace una de las mejores cajas del año (esencial para superar una marcada estacionalidad) otro tenga que cerrar, que estés de vacaciones y a las nueve de la noche te quedes a oscuras, da igual que tengas un bebe en brazos o una persona dependiente a tu lado; no hay luz y se acabó.
Así estamos, así seguimos, a pesar de años de reclamaciones, caceroladas, reivindicaciones de todo tipo de habitantes, visitantes y administraciones. Un clásico como Ben-Hur o La túnica sagrada.
Pero no nos resignamos. Queremos luz, la pagamos, la necesitamos y seguiremos reclamando un bien necesario, que además costeamos a un alto precio.








