Si la sanidad almeriense fuera una obra de teatro, Juan de la Cruz Belmonte sería ese personaje que siempre entra en escena cuando cae el telón. Delegado de Salud de la Junta de Andalucía en Almería, su figura se ha vuelto inseparable del caos sanitario crónico de la provincia: consultorios sin personal, listas de espera infinitas y hospitales al límite. Todo ello, curiosamente, sin que nadie parezca al mando.
Nacido en Murcia en 1964, licenciado en Farmacia por la Universidad de Granada y con un currículum académico impecablemente encuadernado —alta dirección, economía de la salud, gestión sanitaria—, Belmonte acredita una sólida formación para explicar por qué nada funciona. Porque si algo lo caracteriza es su extraordinaria habilidad para encontrar culpables alternativos: los pacientes que “abusan”, los sanitarios que “no se adaptan”, las huelgas, la herencia recibida, Mercurio retrógrado… todos menos quien firma y cobra como máximo responsable.
Su trayectoria política —teniente de alcalde y concejal de Hacienda en Vera, portavoz municipal del PP, hoy secretario provincial de Sanidad del partido— lo presenta como un hombre de partido disciplinado. Tan disciplinado que ha interiorizado a la perfección una máxima: gestionar es comparecer; resolver solo es opcional. Promesas de refuerzos, visitas anunciadas que nunca llegan y explicaciones circulares forman parte de un repertorio ya clásico.
Mientras tanto, Almería acumula déficit de recursos humanos y materiales, profesionales exhaustos y una ciudadanía que empieza a distinguir entre la mala suerte y la mala gestión. Belmonte, eso sí, siempre encuentra una coartada técnica para no asumir responsabilidades políticas. Un talento nada desdeñable: convertir la falta de médicos en un problema de expectativas y la saturación hospitalaria en una cuestión de pedagogía ciudadana.
En resumen, un delegado con mucha formación para la economía de la salud y poca inclinación a practicarla. Porque en la Almería real, la que espera cita, la que recorre kilómetros para ver a un especialista, la que ve cerrarse consultorios, la sensación es clara: la sanidad no está sin responsables; está sin responsables que respondan.







