Si, como decía John McCarthy, sólo hay una cosa más perjudicial que un político que olvida sus promesas electorales, y es uno que trata de cumplirlas, en España estamos de suerte. Son tantas las ofertas electorales que escuchamos, y tan evidente el oportunismo de muchas de ellas, que es difícil no compartir el cinismo del difunto profesor de la Universidad de Standford y concluir que la mayoría que se anuncian en campaña no hay ninguna intención de hacerlas realidad.
En efecto. Existe un consenso generalizado en política de que los mandatarios no suelen cumplir las promesas que realizaron durante la campaña que les alzó hasta el poder. Los españoles somos un electorado más accesible que acepta esta premisa con mayor o menor resignación, para luego volverles a votar con fidelidad militante. Mas no debe ser el mutismo la premisa que acompañe al ciudadano ante los políticos farsantes acostumbrados, por lo que se ve, a perder cada vez más el respeto al votante, como lo haría un comerciante tramposo con una clientela que nunca reclama la garantía.
Un claro ejemplo de este sorprendente comportamiento, entre lo que se anuncia y se cumple, lo tenemos bien cerca, en Níjar. Su alcalde, el popular José Francisco Garrido, parece haber perdido el concepto de responsabilidad política en sus actos y olvidarse ahora, entre otras, de su promesa de revisión y bajada de impuestos y tasas locales que anunció a los nijareños en campaña electoral. Mas una vez alcanzada la poltrona municipal parece no importarle fallar ahora a los nijareños en los compromisos adquiridos.
En el último pleno de la Corporación municipal, su Gobierno- entiéndase PP y VOX- decidió revisar con los votos en contra del PSOE los tributos rústicos y locales del abastecimiento de agua potable, alcantarillado y depuración de la población para “actualizarlos a la realidad presente”, según dictamen municipal. Un reajuste que supondrá unos ingresos a las arcas municipales de unos 3,8 millones de euros, además de un duro golpe a las economías familiares, precisamente a las que Garrido prometió proteger en campaña.
Una actualización tan necesaria para el Gobierno municipal que no se proyecta de igual manera sobre los servicios que reciben, o tienen que recibir, los vecinos de Níjar y sus pedanías, un déficit tantas veces reclamado inútilmente por los afectados al Ayuntamiento. Basuras, atentados urbanísticos, cierre de servicios elementales, medio ambiente, pinturas… son protagonistas permanentes e indeseables en sus plazas y calles, cuyos habitantes también exigen “actualizarlos a la realidad presente”. Naturalmente, salvo que su alcalde entienda ahora que esa es la mejor existencia que puede ofrecerles.








