Llegó la temporada de caza a Cabo de Gata, un momento de peligro para las mascotas y sus dueños

Un perro herido el año pasado en el Parque Natural por un cazador
Opinión
El autor de este artículo de opinión

Pita Pérez López

Los abusos de algunos cazadores en el entorno de Cabo de Gata —y muy especialmente en núcleos costeros como Agua Amarga— han dejado una huella de miedo, abandono y conflicto que afectan tanto a la fauna silvestre como a las personas que viven o visitan la zona. Lo que debería ser un espacio para el disfrute del paisaje y la naturaleza se está convirtiendo para muchos vecinos, senderistas y dueños de mascotas en un terreno de riesgo y angustia.

En primer lugar, el trato cruel a los perros de caza es un problema conocido en España y con manifestaciones concretas en Andalucía: hay numerosos casos de animales abandonados o maltratados tras la temporada de caza, y operaciones recientes de la Guardia Civil han sacado a la luz situaciones masivas de maltrato y abandono animal en distintas provincias. Estas prácticas incluyen abandono, inanición y, en ocasiones, tratos extremadamente crueles hacia perros utilizados para la caza.

En el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, ese problema se mezcla con la presión sobre los espacios naturales y la polémica en torno a la regulación cinegética. La Junta de Andalucía establece periodos y modalidades de caza, pero las quejas de colectivos ecologistas y de vecinos señalan que la supervisión y el control no siempre son suficientes para garantizar la seguridad de las personas ni la protección del medio. Organizaciones ecologistas de Almería han denunciado que las administraciones ceden a intereses cinegéticos y han pedido mayor control sobre las actividades que ponen en riesgo la biodiversidad y la tranquilidad del parque.

En Agua Amarga y otros parajes del municipio de Níjar, vecinos y plataformas locales han difundido denuncias sobre perros de caza maltratados, animales que huyen de los cazadores o que son abandonados tras ser usados en la temporada, así como episodios —repetidos en testimonios vecinales— de disparos cerca de caminos usados por senderistas y familias. Las redes y grupos locales han servido para visibilizar rescates y alertas sobre canes en mal estado, lo que indica que el problema no es solo hipotético sino vivido por la comunidad.

El miedo que generan las detonaciones es real: muchos propietarios de mascotas explican que sus animales entran en pánico cuando se oyen disparos, y hay quienes evitan salir al campo por temor a ser alcanzados por una bala perdida. Aunque la caza reglada busca minimizar riesgos con vedas, distancias y zonas prohibidas, la percepción de inseguridad aumenta cuando se percibe falta de vigilancia efectiva y cuando proliferan prácticas ilegales o imprudentes. En espacios protegidos —donde la conservación y el disfrute público deberían primar— estos conflictos agravan la sensación de abandono por parte de las administraciones.

¿Tiene esto solución? Sí, pero exige voluntad política y medidas concretas: mayor presencia y actuación de los cuerpos competentes (Guardia Civil/SEPRONA y agentes medioambientales), campañas de control y sanción frente al maltrato animal, protocolos claros para compatibilizar actividades cinegéticas y recreativas, y una fiscalización transparente de los aprovechamientos cinegéticos en terrenos limítrofes al parque. Mientras tanto, la coordinación entre Ayuntamiento de Níjar y la Junta de Andalucía debe reforzarse para dar respuesta a las denuncias vecinales y a las ONGs.

¿Es el municipio de Níjar un espacio seguro para visitar con mascotas? En mi opinión —respaldada por las denuncias públicas y la falta de control efectivo que recogen organizaciones y medios—, no por ahora. Hasta que no se refuercen los controles, se garantice la protección de animales de compañía y salvajes, y se sancione a quien incumpla la normativa, los dueños de mascotas y los senderistas deberían extremar precauciones: evitar zonas y horarios de caza, informarse en el Ayuntamiento sobre vedas y áreas protegidas, mantener a sus animales con correa y evitar salir solos a parajes poco frecuentados.

Cabo de Gata es un tesoro natural —y Agua Amarga, una joya del litoral— que merece ser disfrutado sin miedo ni violencia. Para lograrlo hacen falta vigilancia, sanción efectiva contra el maltrato animal y soluciones claras que prioricen la seguridad de las personas y el bienestar de los animales.



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