Los principios de José Francisco

Reunión Ruescas
Opinión
El autor de este artículo de opinión

JAVIER DE PABLOS

Al genial Groucho Marx se le atribuye la frase: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Más allá del humor provocativo de uno de los miembros más destacados de los hermanos Marx, la agudeza del humorista resulta un diagnóstico certero e implacable  del comportamiento de la mayoría de políticos de este país.

Discípulo devoto de este hábito es el alcalde de Níjar, José Francisco Garrido, cuando desde el pulpito institucional predica promesas y buenas intenciones a sus vecinos. Lo acaba de mostrar, junto a diversos concejales de su equipo de gobierno, en su reciente visita a los cerca de medio centenar de residentes de la barriada de Ruescas, reunidos en el centro social de la pedanía nijareña. Una convocatoria que según cuentan desde el Ayuntamiento ha servido para “tomar buena nota de las propuestas y las necesidades trasladadas por los propios vecinos”.

No es la primera reunión municipal con los habitantes de las distintas pedanías del municipio con la intención de “escuchar sus preguntas, quejas, ruegos y propuestas, para poder seguir avanzando hacia un municipio mejor para todos”. No lo es, en efecto, mas el escepticismo respecto a la efectividad  de estos encuentros cunde posteriormente entre la mayoría de los habitantes de los barrios visitados a la vista de los resultados.

Un escaparate de locuacidades inútiles ante las reivindicaciones ciudadanas que no conducen después, escuchados los vecinos, a las acciones que estos plantean, alimentado de esta forma la percepción de falta de compromiso y eficacia por parte de sus gobernantes.

Desideratas utópicas e inalcanzables sin intención de ser cumplidas se mezclan con demasiada frecuencia y sin rubor alguno en el lenguaje político. Una teatralización por parte de quienes están tan acostumbrados en transformar el discurso político en una charlatanería que no resiste la más mínima evaluación. Una situación que genera una sensación de desencanto y escepticismo, ya que la falta de cumplimiento fortalece la idea de que la política está más centrada en el discurso y la imagen que en la acción real.

Farsas, en definitiva, que se utilizan sistemáticamente como estrategia a su política de gobierno, que el alcalde de Níjar aplica con frecuencia. No serán las únicas, pues si no gustan, recordando a Groucho, el primer edil siempre tendrá otras del agrado del ciudadano.



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