Todos los años por estas fechas se agudizan las críticas contra las autoridades locales porque las deficiencias estructurales en los pueblos de la Costa de Níjar se ponen de manifiesto más que nunca. Se va la luz, estallan las cañerías, se atasca el alcantarillado… en fin, lo que ocurre todos los años en localidades mal preparadas para la población estable y a las que cada vez se mete más presión turística sin hacer las reformas necesarias. Tanto es así que hay vecinos que piensan que todo está empeorando. Sin embargo, Carmen F. Peña, vecina de San José que tiene una visión un poco más “histórica”, ha puesto los puntos sobre las íes.
Historia reciente: Hasta hace menos de 20 años no teníamos agua potable en los pueblos del Parque Natural. En pleno siglo XXI, todo agua que no fuera para el aseo se tenía que comprar o coger de un camión; algunos comprábamos garrafas de agua mineral – para cocer patatas o bañar a los bebés el día que el agua del grifo olía mal o salía marrón-; otros, con más tiempo, menos medios o más paciencia, hacíamos cola para llenar garrafas de agua en el camión que paraba en los pueblos una vez al día. La imagen era chocante y tercermundista. Hace muy poco tiempo que abrimos el grifo para hacernos un café o lavar una lechuga, algo normal ahora, hasta hace muy poco era imposible.
Hoy tenemos agua potable, por fin los establecimientos pueden tener un certificado de potabilidad imprescindible -antes se “saltaba” la norma para dar una licencia de apertura- y hoy sabemos que se lavan las lechugas de las ensaladas que nos comemos con agua no contaminada con metales pesados.
Había cortes de agua de ¡hasta tres días!. Sí, el último corte así de largo le costó una moción de censura a un gobierno de coalición. ¿Os acordáis de que cuando llevábamos tres días sin agua muchos vecin@s y comerciantes cortamos la carretera de entrada a San José? Entonces no había whatsapp, pero también nos organizábamos.
Ahora las infraestructuras todavía son manifiestamente mejorables y hay cortes puntuales por averías, pero hemos mejorado, ya no están reventando cada mañana del verano las conducciones de agua por todas partes y los termos, lavadoras, lavaplatos, griferías, etc. tienen la obsolescencia programada a cinco años, más larga que la producida por el agua llena de cal que consumíamos. Es decir: la obsolescencia no venía programada de fábrica, sino que el agua era de tan baja calidad que se encargaba de que los electrodomésticos nos durasen tres años con mucha suerte, lo normal sólo uno o dos.
Ídem con la luz, cada vez que llegaba el calor y se encendían los aires acondicionados, o cada vez que se encendían los hornos para la cena de Noche Vieja se apagaba el pueblo durante horas. Desde el corte de luz que provocó la caída de un poste “de alta” a la entrada de Genoveses, y que nos tuvo en 2015 y en plena ola de calor tres días sin luz, se ha mejorado ostensiblemente desde entonces.
Podría seguir hasta el infinito y más allá, recordando el vertedero municipal en el Barranco de la Mula, las fiestas y conciertos sin control alguno de decibelios (que han dejado generaciones de técnicos de sonido sordos…), la persecución de animales para torturarlos delante de un vecindario completamente insensible…
Evolucionamos a distintas velocidades y a veces parece que involucionamos en educación, sensibilidad, empatía y surgen o resurge el racismo, la falta de civismo, la falta de respeto… Pero a pesar de los vaivenes, en servicios básicos hemos avanzado, estamos mejor, no hay que olvidarlo. Aunque todavía nos quede mucho para conseguir mejorar más las cosas.








