Recientemente La Crónica del Parque reflejaba el malestar del sector hostelero den San José ante la constante disminución de clientes. El presidente de la asociación de empresarios turísticos—Asemparna–confirmaba la preocupación por un problema con visos estructurales que afecta a la economía local. Al mismo tiempo, señalaba una paradoja y, como respuesta, confiaba en la resiliencia del sector para atajar el bache.
La paradoja: En San José, durante el mes de julio, se registró un incremento cercano al 5% en el tránsito diario de vehículos; sin embargo, según la patronal almeriense, los negocios pierden clientes y no alcanzan sus expectativas. Su conclusión: “El encarecimiento de la vida y la cesta de la compra obliga a reducir el gasto en ocio”. Encarecimiento del que parece ser ajeno el sector.
Por supuesto, incluso considerando su argumento del encarecimiento, también puede ser causa de los altos precios de los hoteles, alquileres vacacionales y restaurantes, en relación con otros destinos cercanos.
La solución propuesta: Esperar tiempos mejores confiando en la resiliencia del sector basada en “esfuerzo, pasión y tradición”. Sin embargo, estas cualidades, siendo condición necesaria, no es suficiente para afrontar los retos del turismo en el futuro.
Ante los nuevos escenarios globales, sorprende que el sector no ponga en el centro la sostenibilidad medioambiental, social y económica, ni aborde factores claves para explicar el presente y garantizar un futuro viable. Por ejemplo: el desarrollo basado en un urbanismo expansivo con impacto significativo en el territorio; los efectos del turismo de masas; vivir de una actividad estacionalizada en verano, semana santa y algo navidad. Y no afrontar soluciones por la vía de la desestacionalización de la demanda; la diversificación de la oferta y énfasis real en la preservación de los recursos naturales.
Las patronales suelen exigir a los gobiernos —sea central, autonómico o local— condiciones que favorezcan la inversión y la competitividad. Pero aquí llama la atención el silencio ante políticas que, bajo grandes eslóganes, promueven modelos de crecimiento que comprometen la viabilidad futura del turismo y del territorio.
La Asociación Vecinal de San José y El Pozo de los Frailes, junto con otras entidades y vecinos, llevamos tiempo alertando sobre el riesgo de un modelo de desarrollo basado en la expansión urbanística, ligada a la inversión en alojamientos turísticos —sin la debida compensación en infraestructuras, equipamientos y servicios o protección ambiental— favoreciendo así un turismo masificado que deteriora el territorio y sus recursos naturales.
No se trata de atraer más turistas, sino de impulsar un turismo cualitativo, sostenible y con bajo impacto ambiental.
De seguir así, San José podría “morir de éxito”. La masificación puede acabar estrangulando su principal actividad económica, con graves costes sociales y ambientales.
Enfrentar los retos del turismo exige una agenda clara basada en los tres pilares de la sostenibilidad: social, económica y ambiental. Un modelo colaborativo, centrado en las personas, en la economía local y la protección del territorio, que equilibre crecimiento y conservación del medio natural.
Llegar tarde o no llegar tiene sus consecuencias.
Adoptar un modelo de desarrollo equilibrado que respete los recursos naturales y frene el cambio climático no debería ser una opción, sino una obligación. Dejarse arrastrar por intereses ajenos o por la ceguera del negacionismo climático solo conduce a desastres, como bien demuestran los antecedentes históricos.»








