Entre los años 90 y 2005 en Mojácar grandes hoteles y urbanizaciones propias de un modelo expansionista, completaron más de 8 km del frente litoral construido, —desde Marina de la Torre hasta el Hotel Indalo—. Fueron los años “del pelotazo” en toda la costa mediterránea.
Pero la base de esto estuvo antes. Entre Los años 60 y 80, Mojácar encontró en el turismo una fuente de riqueza y expansión económica. La salida urbanística natural fue el crecimiento hacia la costa, donde ya estaba ubicado el parador nacional de forma referencial. Tierras agrícolas, o incluso baldías, pasaron de no tener uso ni valor a convertirse décadas después, en algunos de los suelos más cotizados de la provincia.
Los efectos de ese modelo tanto turístico como urbanístico han llevado a Mojácar hasta el día de hoy. Aunque sigue siendo un modelo que proporciona sustento económico a la localidad, en los últimos años también ha generado una fuerte estacionalidad, dependencia estructural y presión sobre la vivienda. Ejemplos de ello son que muchas jóvenes familias de mojaqueros viven en municipios cercanos como Turre o Los Gallardos o que el sector servicios encuentra dificultades para alojar trabajadores en temporada.
En paralelo a esta situación, dos grandes acontecimientos aparecen ahora y marcarán el nuevo escenario urbano en la localidad para los próximos años: La aparición, tras más de diez años de tramitación, de un nuevo plan urbanístico PGOU 2023 y la controvertida carretera A-1203. Esta carretera —mal llamada variante—, desaconsejada en su trazado y ejecución, por la propia junta de Andalucía, ha atravesado sectores sensibles y fracturado las faldas de Sierra Cabrera. Inaugurada pese a múltiples problemas en las expropiaciones —que la paralizaron por más de un año— y denuncias de colectivos ecologistas, esta obra, aún inacabada, es uno de los ejes del desarrollo urbano y formaliza una nueva lógica territorial, que unida al nuevo plan general, busca la recalificación de todos los terrenos rústicos entre la nueva carretera y la costa.
Carretera A-1203 y terrenos hasta la playa
Quizá Mojácar eligió hace tiempo cómo quería ser. Quizá mucha gente vive aún de este modelo. Pero por eso conviene hacerse preguntas justo ahora, tras solo 3 años de la aprobación del nuevo plan urbano y antes de que se ejecute: ¿qué clase de municipio queremos? ¿Qué creemos valioso? y ¿qué estamos dispuestos a sacrificar para conservar lo valioso?
No es una simple cuestión estética o estratégica entre pueblo, sierra y mar. El equilibrio del entorno natural y urbano es una relación funcional entre partes que dependen unas de otras. Cuando una de ellas se debilita, todo el sistema pierde cohesión. Si las aguas no se cuidan, el entorno de la sierra no se preserva, el casco urbano no se mima, o desaparece flora y fauna… todo cambia. No hablamos de detalles, esto son ejemplos fundamentales.
Hoy entendemos mejor que nunca estas prioridades. Europa ha convertido la conservación ambiental en uno de los pilares del desarrollo presente y futuro, de hecho: Mojácar se ha beneficiado de 4,5 millones de euros de Planes Europeos de Sostenibilidad Turística en Destino y ha activado un programa denominado, Mojácar Sostenible. Pero esto confronta con la redacción del nuevo plan urbano que plantea, con la nueva carretera como eje, una nueva etapa de dinámicas de crecimiento en busca de multiplicar la superficie construida del municipio, incluso sobre “zonas altamente sensibles catalogadas” por la Red de Información Ambiental de Andalucía (REDIAM) como “ecosistemas restringidos de alto valor ecológico”. Actualmente este plan, consta de zonas desautorizadas por la Consejería de Sostenibilidad y Medioambiente, como El Cantal (SUNS-1), “por afectar a zonas con hábitats de interés comunitario, presencia significativa de fauna protegida y romper con la lógica histórica de ocupación del territorio”.
Zona terrenos CANTAL entre carretera A-1203 y playa
Existe un concepto utilizado en urbanismo y arquitectura: Genius Loci, el espíritu del lugar. Habla de planificar respetando la atmósfera propia de un sitio, su memoria, su topografía y la manera particular en que una comunidad lo habita. No se trata únicamente de preservar una imagen pintoresca, sino de comprender que ciertos lugares contienen una coherencia difícilmente reproducible que ha de preservarse a futuro.
Por eso el problema no es únicamente cuánto se construye, sino desde qué lógica se hace, ¿para qué y sobre todo para quién?
Confundimos con frecuencia crecimiento con progreso, “riqueza con derroche o independencia con coche (escuchar)”. Pero crecer no siempre significa evolucionar. A veces significa únicamente intensificar una dinámica hasta agotar aquello que la hacía posible.
Y quizá ahí reside la cuestión de fondo. El bienestar colectivo no es una opción y no depende únicamente de la actividad económica, sino también de la coherencia invisible del territorio. Porque en un pueblo que demolió arcos históricos de su casco antiguo y su antigua plaza, para que ahora sea un “no lugar” lleno de mesas de terraza, pierde el valor en su manera de vivirse, pero de eso —no-lugares y pérdida de memoria— hablaremos el próximo día.
Una gran contradicción de nuestro tiempo es intentar llenar de actividad, consumo y crecimiento territorios que poco a poco van perdiendo aquello que les daba razón (poética) de ser. Nada permanece del todo, pero seguimos necesitando arraigo, belleza y lugares donde la vida conserve cierta coherencia frente al ruido y la velocidad del mundo.
Cortijos actuales rehabilitados a las faldas de Sierra Cabrera
Sin duda sigue existiendo una gran oportunidad para Mojácar: Pero antes habría que comprender que proteger no significa detener el futuro, sino darle la dirección más correcta. ¿Sabremos encontrarla?
Continuará…








