Hay momentos del año en los que Mojácar desde su pasado histórico, se convierte en el Mojácar más glorioso.
Las plazas se llenan de música, diversión y gentes alegres. El sonido de los tambores del desfile dominical llegará a escucharse desde cualquier rincón del pueblo. Los vecinos aceleran los preparativos. Ellos llevan un par de semanas dejándose barba o perilla. Ellas preparando trajes y maquillajes festivos. El bando Moro monta sus Kábilas, hay cuatro: Moros Viejos (Alí Cuquei), Moriscos (Alí Olé), Aljama Mudejar y Tuaregs. El bando Cristiano levanta sus cuarteles, son tres: Templarios, Bandoleros y Cisneros. Todos ocupan plazas del casco histórico la ciudad. Todo el mundo participa haciendo posible ofrecer a vecinos y visitantes una gran fiesta esperada durante todo el año.
Durante unos días, Mojácar es además de uno de los pueblos más bellos del Mediterráneo un escenario lleno de color, historia y emoción. Noches de diversión y días de playa y mercado medieval. Cada rincón del municipio (pueblo y playa) te ofrece algo. Cada plaza se convierte en un lugar donde encontrarse con amigos y visitantes. Cada noche termina siendo más larga de lo previsto.
Quizás por eso resulta tan difícil explicar estas fiestas a quien nunca las ha vivido, no es solo fiesta y un desfile. Moros y Cristianos en Mojácar son historia de más de 500 años. El 11 de junio de 1488, las autoridades moras de Mojácar acudieron al Real de Vera para entregar las llaves de la fortaleza al rey Fernando el Católico y pactar la incorporación de la villa a la Corona de Castilla. Al día siguiente, 12 de junio, una dotación castellana ocupó el castillo de Mojácar, iniciando una nueva etapa histórica que marcaría el futuro del municipio durante los siglos posteriores.
Pero la fiesta tal cual se vive ahora comenzó de alguna manera en 1988, durante los actos del V Centenario del Reencuentro de las Culturas Árabe-Andaluzas. Un sencillo desfile despertó ese día el alma festera de todo un pueblo. Sin saberlo, aquellos vecinos, junto al ánimo de uno de los más reconocidos impulsores de la fiesta, Carlos Cervantes, salieron a la calle aquel 12 de junio y pusieron la primera piedra de una de las celebraciones más queridas y participativas de Mojácar.
El tiempo y el buen hacer de la asociación local Almoxaquer, han conseguido convertir en tradición estas fiestas que une ya a varias generaciones de mojaqueros. Cada vecino y visitante guardamos nuestra propia historia ligada a estas fiestas. Amistades que comenzaron, la primera vez que desfilas, romances (fue durante unas fiestas de Moros y Cristianos cuando me enamoré de la madre de mi hija) o el inevitable recuerdo de algunos seres queridos que van faltando.
Moros y cristianos son unas fiestas con historia que tienen muchas historias dentro. Por eso merece la pena vivirlas. Este año no estaré. Quizá por eso la nostalgia de hablar de ello, de la belleza de Mojácar vestida de fiesta, del ambiente que se respira en cada kábila o cuartel.
Señores y señoras, niños y niñas, vayan y disfruten que nunca se sabe cuándo una noche de Moros y Cristianos puede convertirse en uno de esos recuerdos que nos acompañan toda la vida.









