Cuando llegué a San José a finales del pasado siglo y la caña de cerveza costaba 120 pesetas (0,72 euros), pude apreciar una población afable con los visitantes y un turismo que resultaba compatible con la vida. La sensación, en definitiva, de haber encontrado mi nuevo lugar dentro de un paraje valioso por su belleza natural y todavía escasa relevancia turística. Tiempos aquellos.
Hoy el turismo se ha convertido en un dios, al que vamos a seguir rindiendo culto durante mucho tiempo, y Pilar Fenoy su aventajada apóstol en esta tierra. La concejala de Turismo y Playas del Ayuntamiento de Níjar se ufana de los datos del turismo conseguidos por la Villa y sus pedanías más atractivas: un 34,3% más de turistas y otro porcentaje similar de pernoctaciones durante este verano en comparación con el anterior, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Sostiene Fenoy en su arenga triunfalista que con estos resultados Níjar ha hecho su “agosto” en materia turística. Un periodo estival que la concejala de VOX pretende prolongar durante todo el año, con el fin de combatir la estacionalidad y “dinamizar todavía más nuestra economía”. Ignoro como Abascal con este relato todavía no ha fijado en la edil nijareña para encargarla de las tareas económicas de la formación, o Espinosa de los Monteros contratarla para el laboratorio de ideas que acaba de constituir.
Mas el tributo a pagar por tamaño desarrollo sospecho insostenible e insoportable en el tiempo. El turismo, en efecto, es una industria fundamental para la economía local, pero la saturación ya resulta especialmente visible y agresiva en lugares privilegiados por su belleza dentro del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. Una congestión que está degradando un espacio que plantea retos significativos y urgentes para su sostenibilidad y conservación, con imágenes desoladoras este verano que transcurren desde La Fabriquilla hasta Agua Amarga, como denuncia el senador por el PSOE de Almería, Antonio Martínez Rodríguez. .
También para la calidad de vida y derechos de los vecinos que allí residen, pues la concejala parece no ser consciente de que existen límites de crecimiento, donde la prioridad han de ser los residentes por encima de sus disparatadas pretensiones.
Unos objetivos que para Fenoy pasan por la saturación, especulación y crecimiento acelerado que faciliten hacer el “agosto” durante el resto de meses del año. Un relato que compromete seriamente el futuro de uno de los destinos más emblemáticos de nuestro país, y que posibilita cada vez más un turismo insostenible que destruye precisamente los mismos atractivos que lo motivan.








