La costa andaluza, y muy especialmente nuestra provincia de Almería, se ha convertido en el tablero de un juego macabro donde las mafias siempre ganan y la ciudadanía siempre pierde.
No estamos ante un problema de «falta de suerte»; estamos ante un fracaso sistémico alimentado por la negligencia de un Ministerio del Interior ciego y una Junta de Andalucía que prefiere mirar hacia otro lado mientras desmantela los servicios públicos.
El caso de Níjar: Un gigante con pies de barro
El ejemplo de Níjar es, posiblemente, uno de los más dolorosos, terribles y sangrantes. Es un municipio que presume de ser motor agrícola de Europa, pero que esconde una realidad de exclusión insoportable en sus márgenes. Mientras las instituciones se dan golpes en el pecho con las cifras de exportación, barrios y núcleos de población de Níjar viven en un olvido que es el ecosistema perfecto para el narcotráfico.
Cuando el Estado —en todas sus formas— desaparece de lugares como Níjar, no queda un vacío: queda un espacio que el crimen organizado llena con rapidez. La falta de infraestructuras, la precariedad habitacional y la ausencia de horizontes para la juventud nijareña son la alfombra roja por la que entran las redes criminales.
El Ministerio del Interior: La capitulación del Estado
La gestión de Fernando Grande-Marlaska es indefendible. En Almería sabemos lo que es ver cómo nuestras fuerzas de seguridad se enfrentan a narcolanchas de última generación con patrulleras que deberían estar en un museo o que pasan más tiempo en el taller que en el agua. Mandar a los agentes al Mar de Alborán en estas condiciones no es política de seguridad: es negligencia criminal.
Juan Antonio Delgado actual parlamentario andaluz y candidato de la fuerza morada a las proximas elecciones , lo ha dejado claro: “Nos podíamos quedar en pedir más policías y más patrulleras, y es urgente, pero es que ni siquiera ese mínimo se está cumpliendo”. El Estado ha capitulado, permitiendo que el narco sea más sofisticado y violento que nunca ante la pasividad de unos despachos en Madrid que nos tratan como ciudadanos de segunda.
La Junta de Andalucía: El cómplice silencioso
Pero no nos engañemos. El Ministerio pone la seguridad, pero la Junta de Andalucía pone el «caldo de cultivo». El narcotráfico no crece en el vacío; crece donde no hay empleo digno, donde la educación es un privilegio y donde los servicios sociales han sido recortados hasta el hueso.
Juan Antonio Delgado señala la raíz: “El narcotráfico se instala allí donde encuentra abandono institucional”. Y ahí, la responsabilidad de Moreno Bonilla es total. No se puede hablar de «milagro andaluz» cuando hay zonas en Níjar o en el Poniente donde la presencia de la Junta es un fantasma. Si un joven no tiene una alternativa de vida digna o una formación de calidad, el sistema le está empujando directamente a la economía ilegal. Donde la Junta no pone una escuela o un centro de formación profesional, el narco pone un fajo de billetes.
El teatro de la vergüenza
Es vergonzoso asistir al cruce de reproches entre el PP de Sevilla y el PSOE de Madrid. Se tiran los fardos a la cabeza mientras la ciudadanía asiste impotente al deterioro de la convivencia. Unos dicen que faltan policías; los otros, que falta inversión. Y los dos tienen razón, porque los dos nos han abandonado.
Desde Podemos provincia Almería exigimos: dignidad y medios reales: Declaración de Zona de Especial Singularidad y renovación total de la flota técnica. Basta de mandar a la Guardia Civil y a la Policía a una guerra con tirachinas.
Plan de Emergencia Social para Níjar y la Costa: Inversión masiva en servicios públicos reales. La Junta debe dejar de mirar a otro lado con la exclusión social en los núcleos agrícolas y costeros.
Justicia Social como escudo: No habrá policía suficiente en el mundo si no se ataca la raíz: el hambre de futuro de nuestra gente.
Basta ya de propaganda. El narcotráfico no se erradica solo con sirenas, se erradica con escuelas, con viviendas dignas y con trabajo. Mientras Madrid y Sevilla sigan peleándose por quién tiene menos culpa, Almería y Níjar seguirán siendo el patio trasero del crimen organizado. Basta ya de mercadear con nuestra seguridad y nuestro futuro.








