Rubi es de esos entrenadores que no pasan desapercibidos: inquieto en la banda, mirada afilada, brazos en permanente diálogo con el aire y una libreta invisible donde siempre parece estar escribiendo la próxima idea brillante… o el siguiente ajuste táctico salvador.
Tiene cara de profesor aplicado, alma de estratega y corazón de futbolista. Le gusta el fútbol con balón, pero también el fútbol con carácter. El que se construye con paciencia, pero se defiende con orgullo. Si el partido se tuerce, Rubi no se esconde: se remanga, gesticula, sufre y empuja como si pudiera marcar el gol decisivo desde la zona técnica.
En Almería se le reconoce como un trabajador incansable, obsesivo en el buen sentido, convencido de que los equipos se hacen desde el orden, pero se ganan desde la valentía. Es serio cuando toca, cercano cuando se puede y siempre competitivo.
En resumen: Rubi no solo dirige al equipo, lo vive. Y eso, en una caricatura y en el fútbol, siempre queda bien dibujado.







