En Níjar se debe trabajar no sólo por un turismo sostenible, si no también y por lo tanto en un turismo sostenido, evitando la masificación en el verano que satura nuestros recursos y acaba con los atractivos que nos caracterizan.
Todavía recuerdo una época en la que “vendíamos” orgullosos nuestros paisajes sonoros. Ahora a las siete de la mañana un soplador, con el sonido de una gran motosierra, despierta a todos los vecinos. Ahora que por fin se había conseguido renovar la maquinaria limpia-playas, parece que echen de menos algún ruido insoportable y la maquinaria de limpieza vial y los camiones de la basura, que van arrojando plásticos al aire entre pueblo y pueblo, hace imposible abrir las ventanas cuando refresca de amanecida.
Se prioriza además el enriquecimiento de un negocio frente a la tranquilidad de un vecindario, imponiendo la música amplificada de alguna terraza cada noche. Entendemos que podemos sacrificar unas horas de descanso durante unos días que duran unas fiestas patronales, pero no todas las tardes y/o noches del verano para el enriquecimiento de unas personas -las empresas son personas, no entes abstractos- que hacen el agosto, porque de eso se trata, de que el negocio no debe ni puede concentrarse en un mes ni ser perjudicial para los vecinos.
Por mucho que alguna concejala inexperta en turismo lo manifieste como un triunfo, la frase “hacer el agosto” debería seguir considerándose peyorativa.
No sólo se falta al respeto al turismo sostenible desde la concejalía de Turismo. Tampoco hacen su labor desde la Junta de Andalucía, que permite que paisajes emblemáticos acaben destruidos, por falta de vigilancia, o sea, por falta de medios, y que donde no existía una senda ahora haya varios senderos llenos de montañas de piedrecitas o donde anidaban las aves ahora haya un terreno yermo lleno de rodadas de coches.
El día mundial del turismo, reivindico que el turismo no deje sin vivienda a los hijos de nuestros pueblos, que el turismo sea sostenido y sostenible y no un instrumento para que algunos “hagan el agosto”. Que las medidas en cuanto a vigilancia sean éticas y no estéticas, porque cuando los vecinos llaman porque necesitan a la policía local para reclamar sus derechos ciudadanos, no sirve de nada que tengan una lancha en el mar donde no tienen ninguna competencia, o que estén acompañando a las autoridades que procesionan en la fiesta que toque. Mientras en el teléfono de atención al público digan que no pueden tomar nota y que hay que volver a llamar, o que pongan en duda las situaciones que narran los vecinos, algo no está funcionando como debiera.
Somos un municipio enorme, lleno de dificultades y de oportunidades, que alberga un tesoro natural y una tradición humana que debe mimarse y cuidarse por obligado cumplimiento. Si bien no disponemos de todos los medios necesarios, se pueden y se deben ampliar y mejorar los existentes, no para el beneficio de unos pocos si no para el beneficio de toda la población y para poder recibir con dignidad a los visitantes.
El día mundial del turismo, es un buen día para pensar qué queremos ser y para asumir la responsabilidad sobre el territorio que habitamos. Pero también para pedir a nuestras autoridades que se mojen, más allá de algún un baño estival.








