Hasta ahora, los cuatro artículos publicados sobre la muerte de “Botines” han expuesto objetivamente los hechos, así como las normas legales que, de una forma u otra, están relacionadas con este hecho. La quinta y última parte es un artículo de opinión, en el que exponemos algunas reflexiones y opiniones sobre el tema por parte de la Redacción de La Crónica del Parque.
Aunque no existe certeza de que realmente la pronunciara, se atribuye a Leonardo da Vinci la frase “Llegará un día en que los hombres verán el asesinato de un animal igual que hoy ven el asesinato de un hombre.» Desde luego, una persona tan adelantada a su tiempo podría haberlo hecho. En cualquier caso, somos de la opinión que -a pesar de aquellos que se encuentran mucho más cómodos en la prehistoria- nuestra sociedad avanza en esa dirección.
Alguien mucho más cercano, la profesora Nuria Máximo Bocanegra, directora de la cátedra “Animales y sociedad” de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, ha manifestado a La Crónica del Parque que “Este tipo de suceso nos enfrenta a una cuestión ética fundamental sobre la responsabilidad y la convivencia: los daños que causan los animales domésticos o de familia, no son meramente hechos “naturales”, sino consecuencia directa de decisiones humanas, o de su ausencia. Desde una perspectiva filosófica, esto remite a nuestra responsabilidad moral indirecta: los animales actúan por instinto, pero somos las personas quienes debemos educarlos y evitar que causen daño. Además, el valor de la vida no debería depender del afecto que despierte en una comunidad: no se trata solo de un animal querido, sino de un ser vivo. Ya sea un gato, una paloma o cualquier otro, su existencia posee un valor en sí misma y merece respeto. Cuando olvidamos esto, no solo fallamos a un individuo concreto, sino que debilitamos los principios mismos de convivencia y respeto hacia el entorno compartido; por eso, en el corto plazo, es imprescindible actuar con medidas efectivas como el control de los animales, el cumplimiento de las normas y la asunción real de responsabilidades por parte de sus cuidadores”.
La directora concluye: “A largo plazo, evitar que estas situaciones se repitan pasa por algo más profundo: construir una cultura basada en la empatía y el respeto hacia toda forma de vida. Esto implica educar desde edades tempranas en la idea de que los animales no son objetos ni elementos secundarios, sino seres capaces de sufrir y de convivir con nosotros en un equilibrio común. Fomentar esta conciencia en familias, escuelas y comunidad permite que la responsabilidad no dependa solo de sanciones, sino de una ética interior compartida. Solo integrando esa responsabilidad inmediata con una educación en empatía podremos avanzar hacia una sociedad donde ninguna vida sea considerada prescindible y donde el derecho a vivir y convivir sea un principio real, no solo una idea”.
Hemos cambiado, pero no todos
Europa, y con ella España, ha tenido grandes cambios en la percepción de los animales y por eso se han producido tan importantes reformas legales como las que conceptúan a los animales como “seres sintientes” y sujetos de derechos; olas que protegen la vida y la integridad de los animales. Pero también es verdad que esos cambios legales avanzan mucho más rápido que la mentalidad y la sensibilidad de determinados sectores sociales.
La verdad es que no debería sorprendernos mucho, porque es algo que también ocurre con algunos problemas humanos, como la violencia de género o la discriminación por el color de la piel, la religión, la procedencia o la orientación sexual. A pesar de la cruda realidad, el negacionismo todavía representa una parte importante de la ciudadanía
Por eso puede explicarse que un energúmeno decida pasearse con sus perros sueltos por el centro de un pueblo, a pesar de estar prohibido, y, lo que es todavía peor, contemple sin inmutarse como matan a otro ser vivo y sin hacer lo más mínimo por impedirlo. La condición humana tiene eso: siempre habrá personas infractoras, incívicas, crueles y con una falta absoluta de empatía hacia los demás y hacia la vida. Desgraciadamente, eso es algo que nunca se podrá evitar.
Pero la sociedad debe dar respuestas eficaces esas conductas, para castigarlas y prevenirlas en el futuro, y es especialmente en esa parte en la que nos queremos detener.
Lo primero que queremos decir es que nos resulta sorprendente la escasa respuesta de una reducida comunidad local a ese comportamiento tan reprobable. Más allá de los comentarios en privado, no ha existido ningún tipo de respuesta colectiva. Además, nos consta que el individuo que protagoniza esta historia es sobradamente conocido y ha protagonizado otros conflictos por el mismo comportamiento. A pesar de ello, y de que se ha facilitado en la denuncia a la Guardia Civil, no se ha querido publicar su nombre, lo que dificulta su rechazo social, tan necesario.
En segundo lugar queremos resaltar una situación escandalosa e incomprensible, como supone el hecho de que una administración pública, el Ayuntamiento de Níjar, desde el día 29 de septiembre de 2023 en que entró en vigor la vigente ley sobre protección de los derechos y el bienestar de los animales, esté incumpliendo abiertamente su obligación en relación a la protección de las colonias felinas existentes en el municipio a través del programa CER (captura, esterilización y retorno). Un Gobierno que incumple la ley carece de legitimidad moral para exigir su cumplimiento a la ciudadanía.
Otro aspecto a resaltar es la necesidad de una ciudadanía informada, que sepa como hacer valer sus derechos -o los de los animales- ante las instituciones competentes. Ante la inacción o la pasividad de las administraciones públicas y/o de sus servicios, la ciudadanía debe conocer las herramientas de que dispone y los procedimientos que debe seguir para exigirlos de forma eficaz. En este sentido, también queremos poner en valor el papel de las entidades ciudadanas que asumen un papel protagonista en la defensa de esos derechos. Sin ellas, nuestra comunidad sería mucho peor y la convivencia mucho más difícil: ¡gracias!.
Por último, queremos hacer hincapié en la necesidad de formación de los servicios públicos a los que corresponde la vigilancia del cumplimiento de la ley y la denuncia de sus infracciones. La ciudadanía de Níjar tiene derecho a disponer de funcionarios policiales -tanto en la Policía Local, como en la Guardia Civil- bien formados y capaces de prestar un servicio eficaz en todos los ámbitos de su competencia y, también, en lo que se refiere a la protección de los animales. Y es responsabilidad de los respectivos gobiernos garantizarla.
En días anteriores hemos publicado cuatro artículos en La Crónica de Parque sobre este mismo tema. El primero de ellos sobre la descripción de los hechos que llevaron a la muerte de la gata comunitaria Botines y al análisis de la responsabilidad administrativa que pudiera corresponder al individuo que llevaba sus perros sueltos: Primera parte: Los perros sueltos de un vecino de El Pozo matan en San José a “Botines”, la gata comunitaria que vivía en la puerta de la farmacia — La Crónica del Parque El segundo, sobre las posibles responsabilidades penales en que podrían haber incurrido esta persona: Segunda parte: ¿Puede derivarse responsabilidad penal en la muerte de “Botines”? — La Crónica del Parque; el tercero sobre dónde y cómo debían presentarse las denuncias por estos hechos: Tercera parte: ¿Dónde y cómo hay que denunciar las infracciones que pueden derivarse de la muerte de “Botines”? — La Crónica del Parque; y la cuarta sobre las obligaciones de los Servicios Policiales y la responsabilidad municipal: Cuarta parte: ¿Está obligada la Policía a tramitar una denuncia? ¿Cabe atribuir al Ayuntamiento de Níjar algún tipo de responsabilidad en la muerte de “Botines”? — La Crónica del Parque Los lectores y lectoras interesados pueden acceder a ellos a través de estos enlaces.








