El jabalí es un animal versátil que habita en todos aquellos ambientes que le proporcionan suficiente cobertura para ocultarse, pudiendo presentarse tanto en bosques y montañas como en marismas. Su actividad comienza con el crepúsculo desplazándose en busca de comida. Su alimentación es considerada omnívora, El resto de su actividad nocturna la dedican al aseo y cuidado de su pelaje, para lo que buscarán lodazales en los que poder revolcarse, posteriormente eliminan el barro seco frotándose contra algún árbol, actividad que les ayuda a desembarazarse de posibles parásitos externos.
Son animales sociales cuya estructura social básica está formada por varias hembras solas o acompañadas por juveniles de diferentes camadas, guiadas por una matriarca que se caracteriza por ser la mayor, la más experimentada o la más fuerte del grupo. Poseen un complejo sistema de comunicación entre los diferentes miembros del grupo: gruñidos cortos y secos con la misión de marcar una situación de alerta u otros más agudos, indicativos de que es necesario emprender la huida, son dos de los más habituales.
Los machos adultos son solitarios o van acompañados de un macho más joven que recibe el nombre de “escudero”. Con la llegada del celo, en otoño e invierno, los verracos buscan la compañía de las hembras. Las jabalinas son prolíficas y tras una gestación de unos cuatro meses, nacerán de 4 a 7 crías, a veces hasta diez, llamados rayones por su pelaje listado que se irá oscureciendo a partir de los tres meses, tornándose rojizo hacia los seis meses para acabar adquiriendo el color más oscuro de adulto al llegar al año.
A partir sobre todo de los años 60, la colonización del territorio es bastante rápida apareciendo incluso en localidades costeras. La razón del éxito colonizador radica en varios factores:
Eliminación de sus depredadores naturales: linces, águilas y lobos.
Gran capacidad adaptativa a las variaciones del medio debido a que su estrategia reproductiva es del tipo ‘r’, es decir, basan su éxito en el aumento del número de crías más que en la prolongación del cuidado de la prole, lo que les proporciona una elevada capacidad de resistencia a posibles condiciones adversas. Sin embargo y debido a su gran plasticidad ecológica, puede adoptar un comportamiento como especie k (menor número de crías y mayor cuidado de la prole), si las condiciones son favorables y el grupo no se siente amenazado.
Alimentación suplementaria, una práctica común y extendida dentro del ámbito cinegético. esta práctica provoca dependencia de los jabalíes que aprenden que los entornos humanos pueden obtener alimento y agua fácilmente. La aportación de alimento complementario tiene la finalidad de fidelizar a los animales en los lugares prefijados, favoreciendo el aumento de su reproducción, su engorde y una conducta más sedentaria que posibilite su localización y caza.
La caza: debido a la plasticidad y a la organización social de las tribus de jabalíes, matar a algunos individuos desestructura los grupos, provocando que los supervivientes se reproduzcan con mayor rapidez. Además, si desaparece la matriarca del grupo, más adulta y experimentada, se incrementa el número de jóvenes que vagan erráticos y desorientados con poca capacidad de adaptación a un entorno que les resulta hostil, pues no han aprendido de sus mayores a sobrevivir, provocando la ruptura de las estructuras sociales imprescindibles para el correcto desarrollo de las especies y del ecosistema.
Los jabalíes juveniles carecen de la capacidad de sobrevivir por lo que se acercarán a entornos humanos. En consecuencia, la eliminación es ineficaz, además de suponer una crueldad que genera un creciente rechazo social a medida que aumenta la sensibilidad hacia los demás animales, una vez conocidas sus capacidades cognitivas y sociales. Una vez probado y asumido que compartimos el interés por vivir, por mantener nuestra integridad y por desarrollarnos como individuos, se hace necesario revisar la relación que mantenemos con ellos, buscando alternativas a los usos que coarten tales intereses.
La cría y suelta de animales desde las granjas cinegéticas. Estos individuos no han podido desarrollar su comportamiento natural, no han podido aprender a sobrevivir en el medio silvestre ni a conformar clanes. Van a poder ser abatidos con más facilidad porque, al igual que ocurre con la alimentación suplementaria, se acercan al ser humano.
Familiarizarse y asociar la presencia humana como fuente de alimento predispone al acercamiento de los jabalíes a los campos de cultivo y a los residuos de alimentos y, por lo tanto, a caminos y carreteras.
A pesar de la criminalización de la que son objeto, lo cierto es que los jabalíes mantienen la buena salud de los espacios forestales, su presencia es imprescindible en la comunidad animal:
- Actúan como paisajistas del bosque, oxigenan, ventilan y esponjan el terreno, diseminando y sepultando las semillas de diferentes árboles y plantas, y favoreciendo su germinación y el desarrollo de los ecosistemas boscosos.
- Ayudan a dispersar determinados hongos, en especial los hipogeos, que fructifican bajo tierra; entre ellas figuran especies tan valoradas como las trufas. Muchas esporas de estos hongos se encuentran envueltas dentro del fango de su pelaje.
- Hurgando y rascando la tierra con sus patas y su morro, participan en la introducción del humus y en la revitalización de la estructura del suelo. Además, revolcándose en la tierra favorecen la formación de charcas en las que bañarse, proporcionando un hogar a los anfibios.
- Actúan como recicladores del medio natural comiendo los restos y despojos de otros animales.
Los desplazamientos forzados a los que se ven abocados los jabalíes contribuyen a los accidentes de tráfico
La Ley 6/2014, de 7 de abril, introdujo una serie de reformas en el Texto Articulado de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial; la norma correspondiente a la responsabilidad por atropellos de especies cinegéticas, es decir, de animales como ciervos o jabalíes que puedan escaparse de un coto privado de caza e irrumpir sorpresivamente en nuestras carreteras, provocando accidentes por colisión o al tratar de eludirlos, dice lo siguiente: »
En accidentes de tráfico ocasionados por atropello de especies cinegéticas en las vías públicas será responsable de los daños a personas o bienes el titular del aprovechamiento cinegético o, en su defecto, el propietario del terreno, cuando el accidente de tráfico sea consecuencia directa de una acción de caza colectiva de una especie de caza mayor llevada a cabo el mismo día o que haya concluido doce horas antes de aquél. También podrá ser responsable el titular de la vía pública en la que se produzca el accidente como consecuencia de no haber reparado la valla de cerramiento en plazo, en su caso, o por no disponer de la señalización específica de animales sueltos en tramos con alta accidentalidad por colisión de vehículos con los mismos.»
Las estadísticas en cuanto a siniestralidad en la que se ven implicados animales víctimas de la caza demuestra que el mayor número de accidentes tienen lugar en época y días de actividad cinegética:
Por ende, los conflictos que puedan surgir entre el ser humano y otros animales, en este caso, accidentes de tráfico en los que estos animales se ven involucrados tiene causas concretas, actividades humanas, sobre las que se debe actuar. Es necesario elaborar censos de poblaciones animales mediante fototrampeo para caracterizar de manera exhaustiva, no solo el número sino también las particularidades de los grupos, obteniendo datos imprescindibles para recuperar una correcta salud de los ecosistemas, así como el buen vivir de todos sus habitantes.









