El Área de Turismo del Ayuntamiento de Níjar ha vuelto a dar un paso en una dirección que muchos consideramos abiertamente incompatible con la realidad ambiental del municipio. En el último pleno, la Corporación municipal aprobó el inicio del expediente para declarar Níjar como Zona de Gran Afluencia Turística (ZGAT), una medida impulsada con entusiasmo por la concejala de Turismo, Pilar Fenoy (VOX), que desde el primer día dejó claro su propósito de reproducir en el entorno del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar un modelo de turismo masivo propio de Benidorm, un enfoque que colisiona frontalmente con la fragilidad y el carácter protegido de este espacio único.
Fenoy celebra la ZGAT como “un gran paso adelante”, pese a que en la práctica supone liberalizar totalmente los horarios comerciales, permitiendo la apertura de establecimientos cualquier día del año, incluidos domingos y festivos. Una medida presentada como una fórmula mágica para dinamizar la economía, pero que en realidad refuerza el turismo de masas, intensifica la presión sobre recursos limitados y desatiende por completo la capacidad de carga de núcleos ya saturados como San José, Rodalquilar, Las Negras o Agua Amarga.
La narrativa de Fenoy —“más actividad comercial, más gasto turístico, más empleo”— responde al dogma del crecimiento turístico ilimitado, ignorando los efectos negativos que ya sufre el territorio: movilidad colapsada, degradación ambiental, pérdida de la identidad local, encarecimiento brutal de la vivienda y tensiones sociales propias de destinos sobreexplotados. Plantear este modelo en pleno Parque Natural revela una visión que prioriza intereses económicos inmediatos sobre la preservación del entorno que sustenta la propia actividad turística.
Preocupa, además, la subordinación acrítica del alcalde de Níjar, José Francisco Garrido (PP), completamente alineado con los postulados turísticos de VOX y respaldando sin reservas una estrategia que muchos vecinos, expertos y entidades consideran regresiva y altamente dañina para el futuro del municipio. Lejos de ejercer un liderazgo prudente y protector del territorio, el alcalde se limita a avalar decisiones que amplifican la presión turística sin un análisis serio de impacto ecológico, social o urbanístico.
Para justificar la iniciativa, el Ayuntamiento insiste en que la ZGAT permitirá acceder a subvenciones vinculadas al “turismo sostenible”. No obstante, resulta profundamente contradictorio hablar de sostenibilidad mientras se impulsa simultáneamente un modelo basado en más afluencia, más actividad y más consumo, ignorando que la supervivencia del Cabo de Gata depende precisamente de preservar sus límites, no de sobrepasarlos.
En suma, la declaración ZGAT se perfila como otro paso hacia la benidormización de Níjar, un proyecto impulsado por VOX y asumido sin ningún matiz por el PP local, que amenaza con desfigurar uno de los mayores tesoros naturales de Almería y de toda Andalucía. Frente a la necesidad de un modelo turístico equilibrado, respetuoso con el medio ambiente y medido, el Ayuntamiento de Níjar opta así por una vía que pone en riesgo tanto el patrimonio ambiental como el bienestar de la ciudadanía nijareña.








