“Malos tiempos para la lírica”, una de las canciones más emblemáticas de Germán Coppini, líder de Golpes Bajos, parece que la hace suya ahora la vehemente vicepresidenta segunda del Gobierno, María Jesús Montero, candidata a tiempo parcial del PSOE a la presidencia de la Junta de Andalucía.
El efecto Montero no está causando los resultados que los socialistas andaluces persiguen para esta Comunidad Autónoma, si hacemos caso al último sondeo de la Fundación Centro de Estudios Andaluces (CENTRA). El conocido como el “CIS andaluz”, ha publicado esta semana un barómetro que pronostica que Juanma Moreno (PP) volvería a lograr mayoría absoluta, si hoy se celebrasen las elecciones autonómicas previstas para junio del año 2026. Una victoria con el 42,2% de los votos y entre 57/59 escaños (actualmente cuenta con 58, siendo 55 la mayoría absoluta).
A continuación, como segunda fuerza, CENTRA sitúa al PSOE con el 23% de los votos (25/28 escaños), por debajo de los 30 que logró en los últimos comicios Juan Espadas como cabeza de cartel. Por su parte, Vox se mantiene como tercera fuerza (15-16 escaños) frente a los 14 que tiene actualmente en la Cámara autonómica. La cuarta fuerza sería Por Andalucía / Sumar, que aumentaría igualmente su representación, con entre 6 y 9 escaños; y Adelante Andalucía (el partido de Teresa Rodríguez), que podría revalidar los dos diputados que tiene actualmente o, si acaso, perder uno.
Montero es bien conocida en Andalucía, pero ahora llega cargada con el peso de su protagonismo en el gobierno de Pedro Sánchez, donde los casos de corrupción y las innumerables cesiones al independentismo catalán, especialmente las que tienen que ver con el llamado “cupo catalán” y la condonación de la deuda autonómica negociada con ERC, lastran su candidatura en esta tierra.
La insólita jugada de Sánchez de nombrar a ministros candidatos a presidencias autonómicas mientras mantienen su puesto en el Ejecutivo sigue sin salirle bien, y el desembarco de Montero en la secretaria general del PSOE andaluz es un buen ejemplo de ello. La vicepresidenta no sólo es incapaz de sacar al partido del peor resultado histórico en Andalucía, sino que ahora se sitúa incluso por debajo del cosechado por su predecesor en la secretaria general de la formación, Juan Espadas, en las últimas elecciones.







